Tras desayunar, nos dirigimos a la zona denominada Town Basin de Whangarei, que consiste en un pequeño embarcadero de veleros y yates deportivos, los cuales se suelen guarecer allí cuando empieza la temporada de huracanes del Pacífico Sur. Junto al embarcadero, se concentran una serie de edificios de estilo colonial realmente cucos que albergan tiendas de souvenirs, cafés, restaurantes y un museo de relojes. Nosotros pasamos por el museo para cotillear, pero donde realmente nos paramos fue en The Fudge Farm, una tienda de dulces artesanales muy estilo inglés donde no pudimos evitar comprar alguna cosilla…. Menos mal que luego lo terminamos quemando con las caminatas, que si no… El café diario lo tomamos en esta zona, y aunque el sol salía y se escondía tras unas pequeñas nubes, se estaba de cine, sin pensar en nada más.
Tras cotillear un poco lo de los relojes, nos dirigimos a las Whangarei Falls (lo nuestro con las cascadas ya es de psiquiatra…), unas cascadas de 30 metros de altura que aunque no son las más bonitas que hemos visto, se encuentran entre las más fotografiadas de Nueva Zelanda, dada su accesibilidad a todo el mundo, junto a la ciudad, rodeada de bosques y parques. La verdad es que a nosotros nos recordaban al anuncio aquél de ¡Tulipán Negro! y sin duda eran muy bonitas y fotogénicas. Hicimos una pequeña ruta circular de unos 20-25 minutos, echamos unas fotillos y hala, de vuelta a la autocaravana camino del Norte.
Como el día estaba bastante abierto (lucía el sol en general) decidimos ir hasta el pueblo de Russell por la antigua carretera (Russell Old Road), un pintoresco conjunto de curvas, caminos, cuestas que serpentea junto a la costa, contemplando pequeñas bahías ocultas y asentamientos maoríes (vimos varias maraes de camino). Fue un trayecto muy bonito, aunque tardamos bastante más que si hubiéramos ido por la estatal y luego cogido el ferry hasta Russell. Porque este pueblo, sin ser una isla, se encuentra en la punta de una estrecha península de forma que no es muy accesible por carretera.
Al llegar, buscamos el Top 10 y no nos defraudó. En la recepción del camping nos dijeron de colocar la autocaravana de lado, para así poder contemplar las vistas sobra la bahía. Además, teníamos una mesita y bancos de madera para nosotros solos, sobre el césped y bajo un árbol, justo al lado de la autocaravana. Una pasada.
Tras descansar un poquito, bajamos al pueblo a darnos un garbeo. Tiene un ferry para personas que conecta con Paihia cada media hora más o menos, y otro para automóviles que sale a 10 minutos de aquí.
Russell es ahora encantador, con algunas casas muy antiguas para el estándar de Nueva Zelanda. Vimos varias de 1830-1840, estilo colonial, junto a la playa. Además cuenta con la primera iglesia de NZ, la Christ Church, famosa entre otras cosas porque Charles Darwin (el de la teoría de la evolución), en uno de sus múltiples viajes, dio un donativo para su construcción. Tiene marcas de mosquetes de cuando la guerra de 1845 entre maoríes y británicos. Tiene un imponente monumento conmemorativo en su cementerio en honor a Waka Nene, un jefe maorí de la tribu de los ngapuhi que apoyó a los ingleses contra otras tribus del Norte.
Pero Russell no fue siempre un remanso de paz, con buenos restaurantes y tranquilas casas de huéspedes. El mismo Charles Darwin, cuando hizo una escala en la ciudad, la definió como el lugar donde se encuentran los mayores desperdicios de la sociedad. Conocida como “la boca del infierno del Pacífico”, el primer asentamiento europeo en Nueva Zelanda se convirtió pronto en un imán para indeseables, presos fugados, marineros borrachos y rudos balleneros. Incluso en 1830 el asentamiento se convirtió en el escenario de la “Girls War”, cuando dos mujeres maoríes que deseaban el amor de un capitán ballenero provocaron un enfrentamiento entre sus familias que causó cientos de muertos y heridos hasta que los misioneros lograron cerrar un acuerdo entre ambas facciones.
Nosotros nos dimos un paseo por su tranquila playa y al final decidimos cenar en el Kamakura, un restaurante muy mono (Recomendado por la Lonely Planet) que no nos decepcionó. Tomamos carne (ternera) y pescado (uno de nombre impronunciable que sólo se encuentra por aquí), y encima la camarera sabía lo que era un “cortado”!! Había estado trabajando 6 meses en Mallorca cuando era más jovencita. En fin, fue un día tranquilo pero muy agradable, que terminamos dando otro paseo de vuelta al camping.
Tras cotillear un poco lo de los relojes, nos dirigimos a las Whangarei Falls (lo nuestro con las cascadas ya es de psiquiatra…), unas cascadas de 30 metros de altura que aunque no son las más bonitas que hemos visto, se encuentran entre las más fotografiadas de Nueva Zelanda, dada su accesibilidad a todo el mundo, junto a la ciudad, rodeada de bosques y parques. La verdad es que a nosotros nos recordaban al anuncio aquél de ¡Tulipán Negro! y sin duda eran muy bonitas y fotogénicas. Hicimos una pequeña ruta circular de unos 20-25 minutos, echamos unas fotillos y hala, de vuelta a la autocaravana camino del Norte.
Como el día estaba bastante abierto (lucía el sol en general) decidimos ir hasta el pueblo de Russell por la antigua carretera (Russell Old Road), un pintoresco conjunto de curvas, caminos, cuestas que serpentea junto a la costa, contemplando pequeñas bahías ocultas y asentamientos maoríes (vimos varias maraes de camino). Fue un trayecto muy bonito, aunque tardamos bastante más que si hubiéramos ido por la estatal y luego cogido el ferry hasta Russell. Porque este pueblo, sin ser una isla, se encuentra en la punta de una estrecha península de forma que no es muy accesible por carretera.
Al llegar, buscamos el Top 10 y no nos defraudó. En la recepción del camping nos dijeron de colocar la autocaravana de lado, para así poder contemplar las vistas sobra la bahía. Además, teníamos una mesita y bancos de madera para nosotros solos, sobre el césped y bajo un árbol, justo al lado de la autocaravana. Una pasada.
Tras descansar un poquito, bajamos al pueblo a darnos un garbeo. Tiene un ferry para personas que conecta con Paihia cada media hora más o menos, y otro para automóviles que sale a 10 minutos de aquí.
Russell es ahora encantador, con algunas casas muy antiguas para el estándar de Nueva Zelanda. Vimos varias de 1830-1840, estilo colonial, junto a la playa. Además cuenta con la primera iglesia de NZ, la Christ Church, famosa entre otras cosas porque Charles Darwin (el de la teoría de la evolución), en uno de sus múltiples viajes, dio un donativo para su construcción. Tiene marcas de mosquetes de cuando la guerra de 1845 entre maoríes y británicos. Tiene un imponente monumento conmemorativo en su cementerio en honor a Waka Nene, un jefe maorí de la tribu de los ngapuhi que apoyó a los ingleses contra otras tribus del Norte.
Pero Russell no fue siempre un remanso de paz, con buenos restaurantes y tranquilas casas de huéspedes. El mismo Charles Darwin, cuando hizo una escala en la ciudad, la definió como el lugar donde se encuentran los mayores desperdicios de la sociedad. Conocida como “la boca del infierno del Pacífico”, el primer asentamiento europeo en Nueva Zelanda se convirtió pronto en un imán para indeseables, presos fugados, marineros borrachos y rudos balleneros. Incluso en 1830 el asentamiento se convirtió en el escenario de la “Girls War”, cuando dos mujeres maoríes que deseaban el amor de un capitán ballenero provocaron un enfrentamiento entre sus familias que causó cientos de muertos y heridos hasta que los misioneros lograron cerrar un acuerdo entre ambas facciones.
Nosotros nos dimos un paseo por su tranquila playa y al final decidimos cenar en el Kamakura, un restaurante muy mono (Recomendado por la Lonely Planet) que no nos decepcionó. Tomamos carne (ternera) y pescado (uno de nombre impronunciable que sólo se encuentra por aquí), y encima la camarera sabía lo que era un “cortado”!! Había estado trabajando 6 meses en Mallorca cuando era más jovencita. En fin, fue un día tranquilo pero muy agradable, que terminamos dando otro paseo de vuelta al camping.
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