martes, 1 de septiembre de 2009

Glaciares Fox y Franz Josef


Nos levantamos temprano pero el cielo amenazaba tormenta otra vez. La verdad es que últimamente no estamos teniendo mucha suerte. Siguiendo el plan que nos habíamos trazado la noche antes, recorrimos el par de kilómetros que nos separaban del Lago Matheson, otro lago “espejo” que refleja con buen tiempo los montes Cook y Tasman. Sin embargo, y tras una buena caminata de 45 minutos (pasando por un puente oscilante, además), al llegar al lago el tiempo no permitía ver los reflejos de las montañas. Una lástima.

En fin, al menos, de camino habíamos visto varios Pukekos, algo así como un pollo zancudo de color azul oscuro con la frente y el pico rojos, y que nos han hecho mucha gracia.

Nos dirigimos a continuación hacia el glaciar Fox, y tras una carretera sin asfaltar que ríete tú del Dakar, llegamos a la zona de aparcamientos. Preparados para explorar el glaciar, nos encontramos con que la ruta desde el mirador hasta la lengua está cerrada por riesgo de avalancha, salvo que vayas con un guía experimentado (y por supuesto hayas pagado lo que vale). Nos supo bastante mal, porque vimos pasar una excusión con guía y algunos de los que iban en ella tenían pinta de domingueros. Lo cierto es que probablemente la prohibición se haya puesto para incentivar las excursiones de pago. Nosotros no teníamos tiempo, así que tras unas cuantas fotos más, nos volvimos a la caravana y de ahí nos encaminamos hacia el pueblo de Franz Josef.

Este pueblo y el glaciar que lo preside deben su nombre a que el explorador austriaco Julius Haast se lo puso en honor al emperador Francisco José (sí, es el de Sissi). Es un pueblo más grande que Fox, y tiene más y mejores servicios y tiendas. Nos acercamos a Helicopter Line y pudimos comprobar con mucha desilusión que el tiempo iba a impedir volar a los helicópteros ese día y el siguiente. Nos reembolsan el dinero pero fue un gran chasco, puesto que nos apetecía mucho eso de aterrizar sobre el glaciar, ver las cuevas de hielo, caminar por ellas, etc. Así las cosas, decidimos coger la autocaravana y acercarnos a ver el glaciar.

Tras otra carretera horrible, llegamos al parking y esta vez nos pertrechamos bien, con los flamantes impermeables del Decathlon que son una auténtica maravilla. Desde el aparcamiento y eso que caía a raudales la lluvia (con viento) hicimos un par de rutas de 45 minutos cada una, para ver desde distintas posiciones el glaciar. Si nos gustó el de Fox, el de Franz Josef es aún más espectacular. Una pasada. Hicimos muchas fotos y video, y algo helados, pero más contentos, nos volvimos a la caravana para entrar en calor.

Cogimos carretera hacia el Norte con ánimo de avanzar todo lo posible, y lo cierto es que incluso nos pasamos un poco, puesto que hicimos noche en Reefton, un pueblo con algunas casas estilo Far West, pero que su camping deja mucho que desear. Debíamos de havernos quedado en Greymouth, como pudimos comprobar al día siguiente, ya que nos tocó desandar unos 60 km más o menos.

Antes de llegar a Reefton, paramos en Hoitika, cuna del jade de Nueva Zelanda, pero como era domingo casi todas las tiendas estaban cerradas. Nos tomamos un café en el Café de Paris, que había ganado el Best Coffee in New Zealand, pero que a Vicky le supo a rayos. Este es un café de los que levantan a un muerto. Seguro que al Sr. Gerardo le gustaría.

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