martes, 1 de septiembre de 2009

Cromwell y Lago Wanaka


Volvemos a contar lo de los días pasados...

(...) Aunque la china del camping de Arrowtown nos había dicho que Wanaka estaba a 45 minutos, no nos fiamos de ella (con razón) y madrugamos de nuevo para iniciar el camino hasta nuestra próxima parada. Si esperábamos que el tiempo mejorara, nos equivocamos, ya que la lluvia siguió cayendo desde primeras horas de la mañana. Así que pusimos al mal tiempo buena cara, y decidimos que eso no nos iba a impedir ver (y hacer) cosas. Lo primero, de camino a Wanaka por la carretera general, paramos junto al famoso puente sobre el río Kawarau (no Kwai!!) con idea de hacer un “bungy jump” en tándem, pero no abrían hasta las 9:30 y eran las 8:00 todavía, así que bastante caricompuestos tuvimos que contentarnos con hacer algunas fotos y dejarlo para el próximo viaje… porque pensamos volver!!

Continuamos por el camino largo, ya que el más corto que va vía Cardrona es muy bonito pero realmente peligroso con el tiempo que estaba haciendo. En la Lonely Planet recomendaban parar en Cromwell a ver el recinto histórico del antiguo pueblo, y tomar un café en un sitio concreto, así que paramos a poner gasolina (cómo me gusta ver que cuesta la mitad que en España) y nos dirigimos hacia la zona del Lago Dunstan. Resulta que Cromwell se formó con motivo de la locura del Oro de Otago, y cuando éste se terminó, su situación ideal entre las ciudades principales de ambos lados de las Remarkables le permitió hacerse un hueco entre las poblaciones de la zona. Adicionalmente, la tierra parece ser particularmente fértil allí, y sus verduras y frutas se encuentran entre las mejores del país. En honor a ello incluso han hecho una enorme (y horrible) estatua similar a una macedonia en la entrada del pueblo… En todo caso, tienen de todo, incluso un pequeño centro comercial donde se encuentra el I-site y su famosa oveja disecada…

El recinto histórico de Cromwell se encuentra a las orillas del lago Dunstan, que acabó con la antigua Cromwell y sólo se salvaron estas 12 o 14 edificaciones, que los lugareños trasladaron a una pequeña colina antes de que subiera el nivel del lago. Lo cierto es que son muy cucas, y ahora albergan tiendas de artesanía, una panadería y un maravilloso café en el que degustar algo de comer y un machiatto frente al lago. La parada valió la pena, porque además el tiempo nos concedió un respiro y el sol lució por unas horas.

Poco después reanudamos viaje por la SH6 hacia Wanaka. La idea era desviarnos e ir por la SH8, que pasa por Tarras, para ver otra de las localizaciones del Señor de los Anillos, pero el tiempo apremiaba y no pudo ser.

A las 10 de la mañana entrábamos en la ciudad de Wanaka, ribereña del lago que lleva su mismo nombre y la puerta al Parque Nacional del Monte Aspiring o Tititea (en maorí). Se está convirtiendo en una pequeña Queenstown, pero todavía ofrece una cierta tranquilidad y unas rutas de trekking estupendas para aprovechar. Quizá dentro de unos años no sea lo mismo, quién sabe. En todo caso, sí que vimos a mucha gente (algo “pintas”) que iban a hacer snowboard y cosas así. Por cierto, el monte Aspiring es el más alto de Nueva Zelanda fuera del parque nacional Monte Cook, con más de 3000 metros de altura. El lago Wanaka, por su parte, mide más de 45 km de largo, tiene unos 300 metros de profundidad y es el cuarto más grande de NZ.

Fuimos al Top 10 de Wanaka que está ya saliendo de la ciudad camino del Monte Aspiring, con la idea de descansar media horita y hacer la Rob Roy Valley track, de 4 horas de duración y que pasa por cascadas, glaciares y un puente oscilante, pero nuevamente el mal tiempo amenazaba y preferimos esperar al día siguiente, siguiendo las indicaciones de los propios lugareños. Así pues, nos decantamos por una caminata que parecía más fácil, la del Diamond Lake y subida a la cima del Rocky Mt., de 3 horas de trekking en total. Lo que no sabíamos, y nos enteramos luego, es que se desaconseja en días de lluvia porque los caminos se convierten en auténticos torrentes. En todo caso, menos mal que cogimos nuestros bastones de caminar, porque luego comprobamos lo bien que nos vinieron.

La caminata en sí empieza con una subida bastante “rompepiernas” hasta el lago Diamond, que en días buenos refleja el Tititea (Monte Aspiring). A nosotros nos pareció muy tétrico, rodeado de árboles sin hojas y una zona de semi-marismas… Luego continuamos la subida, bastante accidentada pero todavía transitable hasta el mirador sobre el Lago Wanaka. Por el camino, tuvimos que saltar un torrente. No sería el último. La vista desde el mirador fue espectacular, con varias de las islas del lago llenas de árboles flotando sobre el mismo. Una pasada. Ahí ya empezó a apretar un poco más la lluvia, que era fina pero molestaba un poco. A partir de ese punto la subida, en zigzag fue muy empinada e incluso algo peligrosa. Los bastones fueron de muchísima ayuda.

Casi en la cima de la Rocky Mountain decidimos volvernos, esta vez por otro camino (estaban las rutas este y oeste), porque la lluvia arreciaba, y la tierra se estaba encharcando mucho. Pensábamos que el camino oeste iba a ser más sencillo, dado que la última parte de la senda de subida fue muy difícil. Sin embargo, aunque el camino discurría entre rocas y árboles, y menos expuesto a la lluvia, nos encontramos que todos los torrentes que se forman al llover transitaban la misma bajada que teníamos que usar nosotros. Aún así, logramos descender sin mayor problema que algún pie mojado.

Ya en la caravana, nos deshicimos de toda la ropa, que estaba muy mojada (los abrigos daban pena), y descansamos después de la machada conseguida. Eso sí, Vicky casi se coge un resfriado, que evitamos con una buena ducha caliente, un gelocatil y una cenita en el restaurante Missy´s Kitchen de Wanaka, sentados además junto a la estufa de leña del mismo. Tomamos ternera y venado riquísimos. Y el vino, que también estaba muy rico, se le subió a la cabeza a la Vicky!! Este restaurante está pasado Ardmore Street, que es la calle que da al lago, enfrente al I-site de Wanaka, donde concurren además la mayoría de locales, cafés y restaurantes. Por cierto, aquí la gente estaba bastante más delgada, a pesar de los pedazo de desayunos que se toman!

Bastante cansados de todo el día, nos fuimos a dormir al camping, convencidos de que el tiempo mejoraría al día siguiente y podríamos coger un kayak sobre el lago, o hacer la Rob Roy.

Como somos unos frikis, contaremos una nueva anécdota del Señor de los Anillos: resulta que durante una de las crecidas del lago todos los habitantes y turistas de la población se pusieron mano a mano a llenar sacos de arena para formar un dique frente a la orilla. Los vecinos prepararon barbacoas para comer y alguien iba haciendo fotos. Resulta que meses después, revisando las fotos, descubrieron a Ian McKellen (alias Gandalf) y a Orlando Bloom (alias Legolas) rellenando sacos!!! Lo que pasa es que en aquellos tiempos y antes de que se estrenara la película, casi nadie sabía quiénes eran y por eso pensaron que eran unos turistas más cualesquiera.

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