viernes, 4 de septiembre de 2009

Abel Tasman Día 1


Hoy hemos empezado el camino hacia Motueka. Lugar que sería la base de nuestro par de días en Abel Tasman National Park. Conforme ibamos subiendo hacia el Norte, el tiempo iba mejorando, al igual que nuestro humor. De hecho al llegar a Motueka, una ciudad (para los estándares de por aquí) de costa con bastantes servicios, el sol se colaba por entre las nubes. Nos dirigimos al café del museo donde nos tomamos un capuccino y algo de comer para reanimarnos y a continuación nos pasamos por el I-site de Motueka, para informarnos de cosas que hacer por allí.

La idea que teníamos era ir a las cuevas Ngarua, unas cuevas naturales donde se encuentran huesos de Moas y algunas cosas bastante curiosas más. Sin embargo, sólo abren los fines de semana en los meses de invierno. Así las cosas, no obstante cogimos igualmente la carretera hacia Takaka, porque pasadas las cuevas Ngarua, por una carretera de mil demonios (curvas cerradas, cuesta arriba, cuesta abajo), se encuentra Harwood´s hole, el mayor agujero (tomo) del hemisferio sur: 400 metros de profundidad, 70 de anchura y una caida vertical de 183 metros. Pero al llegar a la carretera que enlazaba con Harwood, vimos con desazón que no aconsejaban el paso de autocaravanas, por lo que no nos quisimos arriesgar y continuamos hacia Takaka.

Eso sí, por allí paramos a hacer unas fotos dado que en la zona de Canaan Road se filmó una escena del Señor de los Anillos (la del bosque Chetwood después de Bree).

Llegados a Takaka, continuamos un poco más para, en dirección a Collingwood, ir a ver las llamadas Pupu Springs, la mayor fuente de agua dulce de Nueva Zelanda, y la más transparente del mundo, según ellos. De los conductos subterráneos de los manantiales brotan unos 14000 litros de agua por segundo!!! Vimos incluso las "arenas danzantes", impulsadas por el agua que sale del suelo a borbotones. El circuito de 1 hora por la zona, llena de bosques, arroyos y manantiales es realmente bonito y relajante. Es muy curioso ver cómo sale el agua del suelo...

De vuelta a Takaka, cogimos la desviación hacia Pohara Beach, una playa algo pija de la zona, por las casas que vimos por allí. En cualquier caso, nuestro destino eran la cueva Rawhiti, con la entrada más grande de todas las cuevas de NZ. Al principio no la encontramos, y en su lugar vistamos la reserva Escénica de The Grove, a las espaldas de Motupipi. Espectacular bosque, que nos recordó a las películas de Parque Jurásico. Por cualquier lugar podía salir un dinosaurio. HAbía muchas rocas calizas deformadas por la erosión y que formaban formas curiosísimas, con pasillos y desfiladeros pequeños entre ellas.

Después llegamos a la zona de Rawhiti. Allí la caravana se nos quedó atascada en el barro. Unos chicos que también iban a la cueva intentaron, sin éxito, ayudarnos. Finalmente le pedimos ayuda a un granjero de la zona, Leon, de abuelos italianos, quien con su 4x4 consiguió sacarnos de allí. No teníamos muchas ganas, pero tanto Leon como otra señora, tambien vecina de la zona, nos aconsejó seguir.

Nos preparamos para la caminata de 3 horas y, debidamente equipados, nos encaminamos hacia allá. El principio de la ruta es sencillo, llano. Discurre entre el barro de las praderas de Leon y el curso de un arroyo. Pero a partir de los primeros 35 minutos, la cosa se complica y hay que subir una ladera muy escarpada, por una senda muy estrecha, llena de ramas y pedruscos, y parece no tener fin. La senda no está muy señalada que digamos, y casi nos volvemos atrás antes de llegar, porque no quedaban muchas horas de luz y empezaba a chispear. Sin embargo, seguimos porque Vicky se empeñó y finalmente llegamos a una de las cosas más especiales que hemos visto por aquí. Sinceramente es bueno que sea tan dificil llegar, porque así no pueden subir cientos de japoneses a invadir el paisaje.

La cueva en sí es muy profunda (y no bajamos hasta el final, que estaba esta vez si señalizado), pero la entrada en sí es suficiente. Llena de estalactitas y estalagmitas gigantes por todas partes, sencillamente quita la respiración.

HAbía valido la pena subir. Luego la bajada finalmente fue menos dificil de lo que pensábamos porque dejó de llover y volvió a salir el sol.

Llegamos a la caravana llenos de barro pero muy contentos. El día había salido redondo. De alli tomamos la carretera de vuelta a Motueka donde pasamos la noche, antes del día del kayaking por Abel Tasman.

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