lunes, 31 de agosto de 2009

un poco de retraso...

Estamos muy bien, solo que no hemos tenido ocasion de colgar lo que hemos hecho estos ultimos dias, sobretodo por problemas de internet en los campings que hemos estado. Manyana trataremos de colgarlo todo de tiron. Vicky acaba de dar de comer a ovejas, corderos, avestruces y patos... esta hecha una granjera, y encima se ha traido un huevo de pato para desayunar!! un beso a todos

Hoy ha llovido mucho menos y hemos tenido ratos de sol. Parece que tras mucha lluvia el tiempo se arregla. Es normal porque ya estamos yendo al norte, y aqui es al reves: cuanto mas al norte, mas calor.

Y escribo sin ene y sin acentos porque los ingleses no tienen en sus teclados!!!!! Que os vaya bien por muchos anos!!!

viernes, 28 de agosto de 2009

Queenstown y Arrowtown


Salimos temprano de Te Anau con la idea de llegar pronto a Queenstown, y probar alguno de esos deportes extremos que tanto se anuncian por allí, pero la verdad es que el día salió de perros. Durante el camino, la lluvia y el viento racheado hacía difícil el conducir, por lo que teníamos que tener todos los sentidos en la carretera. Estaba todo nubladísimo, miráramos por donde miráramos, y aún así, hay que reconocer que el camino desde Kingston hasta Queenstown por la ribera del Lago Wakatipu con las Remarkables a los lados es espectacular.

Queenstown es una ciudad que rebosa actividad en estas fechas, época de deportes de invierno, y a la que llegan locos del snowboard de todos los lugares del mundo (nosotros nos encontramos a un pintas español que nos pidió fuego...). De hecho, no encontramos aparcamiento la primera vez que nos dimos una vuelta por el pueblo, por lo que recogimos información en el I-site de turno y nos pusimos en marcha hacia Arrowtown, a 19 km, y mucho más tranquila y encantadora. No obstante, el entorno natural de Queenstown es realmente privilegiado, rodeado de bosques y montañas. Pero un poco masificado para mi gusto.

Arrowtown no tiene nada que ver con su vecina urbe (Sólo 1700 hab.). Es un pueblo que nació con los buscadores de oro venidos de todo el mundo cuando se descubrió oro a raudales en la cuenca del río Arrow. Conserva intactos más de 60 edificaciones de finales de 1870, de madera y piedra, y recuerda mucho a un pueblo del oeste americano. Es realmente encantador. Además, cuenta con un asentamiento chino "restaurado" que muestra cómo vivían esas pobres almas en la época de la fiebre del oro, marginados e incomprendidos tanto por los locales como por los mineros europeos y americanos. Las chozas eran auténticos cuchitriles. Para quitarnos el mal cuerpo que nos entró al imaginarnos a los chinos en esas minichabolas, fuimos a la Arrowtown Bakery & Café y nos cogimos un par de pastelillos de hojaldre de ternera con setas y pollo satay para tomarlos en la caravana. Realmente estaban deliciosos, como decía la guía Lonely Planet. Nos habríamos traido una tonelada de ellos....

Nos cogimos el camping en la propia Arrowtown. No estaba mal, pero a la media hora nos tuvimos que volver a Queenstown porque empezaba lo bueno: ¡un tour guiado del Señor de los Anillos! Tachán tachán!!!!

Nos recogieron a las 13:30 y nos dirigimos a la primera de las localizaciones que visitamos y que estaba...¡en Arrowtown! Increible, al lado del camping. Pero es cierto que nunca la habríamos visto por nuestra cuenta. En fin, lo sorprendente es que era igual que en la peli. Es cuando en la primera pelicula de la trilogía los orcos atacan a Isildur cuando volvía con el anillo y lo matan en el río. Todo esto, junto con muchas anécdotas del rodaje, nos lo estuvo contando y mostrando James, un británico de Londres que se vino a hacer snowboard cuando era un chaval y que se quedó (y casó) en Queenstown. Fue un guía muy majo y nos hizo reir un montón.

Luego nos llevaron a ver las localizaciones deonde se filmaron algunas escenas del río Anduin, como cuando navega la Compañía del Anillo y ven los Argonaths, etc. Todo se filmó en el río Kawarau, uno de los más bonitos (y peligrosos) de NZ. Desde allí vimos el famoso puente desde el que se inventó el "puenting", y que ahora es uno de los sitios más visitados de Nueva Zelanda.

Como estábamos un poco helados, nos llevaron a tomar un café a un local muy coqueto cerca de la carretera de Queenstown a Wanaka. Era un sitio encantador, y allí, en un invernadero adecentado como local, nos mostraron los guiones originales de las tres películas, que el dueño de la empresa que organiza estos tours consiguió por medio de un conocido. Uno podría imaginarse a Viggo Mortensen revisando esos mismos guiones... una pasada. Estuvimos un buen rato hablando con James, de pelis, cómics, etc. Fue un rato muy entretenido, la verdad.

De ahí, nos llevaron junto al Lago Hayes (esto está lleno de lagos que son una preciosidad) y nos mostraron varias de las armas que se utilizaron en la película: el hacha de Gimli, la espada de Aragorn y la de Isildur, la de Frodo, la de Eowyn y Theoden deRohan, y los puñales de Aragorn y de Legolas, la espada de Elrond, el casco de Gimli, y la capa de Sam (esta se la enfundó Vicky, que estaba monísima, junto con la espada de Frodo, Dardo)... Somos unos frikis!!!! Mientras, JAmes nos iba contando anécdotas sobre la realización de las armas y de la película, y nos hacía preguntas y todo! LA verdad es que lo pasamos de cine, nunca mejor dicho.

Luego, a la vuelta a Queenstown, nos dijo que otras localizaciones que antes se mostraban, en Deer Park, una propiedad privada, ahora se encuentra cerrada al público, al igual que Matamata en la Isla Norte (donde se encuentra Hobbiton). Matamata es conocido que se encuentra cerrado porque Guillermo del Toro y Peter Jackson están filmando las pelis (2) de "El Hobbit", pero la zona cerrada en Queenstown es un secreto ahora mismo. Se cree que es por el mismo motivo, quién sabe?

Finalmente nos dejaron en Queenstown y tras unas cuantas fotos en el Lago Wakatipu recogimos la autocaravana y volvimos a Arrowtown. James nos había dicho que la escena donde Arwen se enfrenta a los Jinetes Negros también se rodó allí así que fuimos corriendo a fotografiarla antes de que se hiciera de noche... Fue todo una pasada, con lo que nos gusta El Señor de los Anillos.

jueves, 27 de agosto de 2009

Milford Sound


Madrugar, no paramos de madrugar… Esta vez la “despertá” era para coger con tiempo la carretera que va desde Te Anau a Milford Sound, uno de los fiordos más espectaculares del Fjordland National Park, y patrimonio de la humanidad.

Milford Sound tiene una longitud de 16 kilómetros, y como anécdota, contaremos que el Capitán Cook, quien descubrió todo lo que se podía descubrir por el Pacífico Sur, pasó de largo por la entrada del fiordo de Milford Sound dos veces sin darse cuenta, ya que por una cuestión de efecto óptico, la entrada queda completamente oculta a la vista cuando uno navega por el mar de Tasmania. Tuvo que ser un ballenero llamado John Grono quien finalmente lo descubrió en 1823, y lo llamó Milford Haven en honor a su lugar de nacimiento en Gales.

Nosotros terminamos de llenar el tanque a las 8 menos cuarto de la mañana, ya que en Milford no hay gasolineras, y empezamos a recorrer los 119 km que nos separaban de allí. La chica del camping nos había dicho que nos diéramos dos horas y media de margen para llegar, pero todo depende de cómo se quiera organizar uno la jornada. Si quieres ir de tirón, sin parar, son entre 1:45 y 2:00 como mucho. Ahora bien, la carretera hasta el pueblecito de Milford Sound es todo un viaje en sí mismo, llena de lugares preciosos en los que detenerse a tomar fotos o simplemente a contemplar los paisajes que van formando las Montañas Earl y el Río Eglinton, y sus numerosos afluentes, así como los lagos de la zona.

El propio lago Te Anau nos acompañó durante la primera parte del viaje, prácticamente hasta llegar hasta una zona denominada Te Anau Downs, donde empieza la famosa Milford Track, una de las Grandes Caminatas más famosas del mundo. Para que os hagáis una idea, de los 600.000 visitantes anuales que recibe Milford, nada menos que 14.000 llegan caminando desde aquí, a través de montañas y valles, a lo largo de 53,5 km.

A partir de Te Anau Downs, nos adentramos en los bosques de la zona, muy frondosos y realmente bellos. Nosotros nos encontramos con un manapork (un búho de la zona) en medio de la carretera que nos acompañó durante unos cincuenta metros. Se trata de árboles enormes, centenarios (o milenarios, quién sabe), principalmente hayas. Estos bosques se ven interrumpidos de vez en cuando por enormes praderas, como la que se encuentra a la salida del McKay Creek (a mí me recordaron a las llanuras de Rohan…), con escarpadas montañas a ambos lados. Lo malo era que las nubes todavía estaban un poco bajas y el solo no se colaba entre ellas del todo, pero aún así las vistas (y la sensación de soledad y quietud) eran espectaculares.

Justo después de esta enorme pradera, nada más entrar de nuevo en los bosques, nos encontramos con los famosos Mirror Lakes, o lagos espejo, que incluso en un día nublado reflejan las montañas que rodean el valle de Eglinton. Estos lagos fueron creados durante una crecida del río y todavía hoy albergan una fauna muy variopinta, desde truchas a anguilas, y por supuesto multitud de aves autóctonas.

Tras las pertinentes fotos de rigor, iniciamos nuevamente el camino hacia Milford, mirando de reojo el reloj (teníamos crucero a las 11:30). Pasamos de largo por el café / hotel de Knobs Flat y también por la zona O Tapara, comúnmente conocida como Cascade Creek, que termina junto al ominoso Lago Gunn. Esta caminata, de 45 minutos la haríamos a la vuelta, decidimos. Seguimos recto hasta llegar a The Divide. Es el paso este-oeste más bajo de los Alpes del Sur, y ahí empezaron las primeras curvas escarpadas del viaje a Milford. Una caravana que iba delante nuestra perdió los nervios y se frenó de golpe a un lado de la carretera, deteniéndose. Pero nosotros somos unos máquinas y continuamos camino como si nada, hasta llegar a Pop´s View, una parada obligada para contemplar el valle de Hollyford. Impresionantes vistas.

Unos kilómetros más adelante está la desviación hacia el campamento Gunn y varias caminatas interesantes. No obstante, el tiempo apremiaba y continuamos hacia Milford. A partir de una estación de la dirección de carreteras, en la que por cierto pudimos ver y filmar de cerca a dos keas, el único loro alpino del mundo (muy sociable y ruidoso…¡keeeeeaaaa!), iniciamos la travesía del Túnel Homer. Lo de los keas es curioso, porque se quedan en esa estación para que los turistas paren y les den papeo… se las saben todas!

Justo en los alrededores del Túnel pudimos comprobar la cantidad de nieve y hielo que había caído en las últimas semanas. De hecho un mes antes la carretera estuvo absolutamente bloqueada por las avalanchas que habían caído, y de las cuales pudimos ver sus efectos sobre guardarraíles rotos, vallas caídas, etc.

El túnel es muy estrecho y bastante primitivo, nada que ver con los que habitualmente vemos en España. Igual pasa con las carreteras, seguras pero muy básicas, de un solo carril en cada sentido. Tras el túnel, iniciamos el descenso hacia Milford. 18 kilómetros en los que no podíamos parar, debido al riesgo de avalanchas, cruzando torrentes y arroyos. Desde las montañas, caían sin cesar cascadas de agua hacia los bosques. No se puede describir con palabras. Aún paramos en una zona conocida como The Chasm (el abismo), donde el río Cleddau rodeado de bosque se precipita por entre rocas erosionadas con curiosas formas a una estrecha sima creando profundas cascadas y un puente de piedra natural. Desde allí pudimos ver el monte Tutoko, el más alto de Fiordland (2746 metros).

Ya con el tiempo encima, a pesar de haber salido muy pronto, llegamos a Milford, aparcamos la caravana y nos embarcamos en el crucero que teníamos contratado. Hay cuatro compañías diferentes pero todas parecen hacer el mismo trayecto, variando sólo las horas y el tipo de barco. Por lo que hemos leido, lo mejor es buscar una compañía con barco pequeño, que suele implicar una experiencia más real. La nuestra, como veréis, estuvo genial.

Desde el puerto, ya se puede ver la imagen más típica de Milford, las distintas cimas con el Mitre Peak en el centro (1692 metros y una de las montañas más altas del mundo en elevarse directamente desde el suelo marino). Salimos puntualmente y a mano derecha vimos las cascadas de Lady Bowen, una de las dos que permanentemente caen desde las montañas, con 160 metros de altura.

Tras bordear el Mitre Peak, continuamos por la parte izquierda del fiordo hacia Copper Point, la parte más estrecha del fiordo (620 metros de anchura), y la más ventosa. Es posible que los vientos del mar de Tasmania alcancen aquí los 100 nudos!! Justo después se encuentran las cascadas Fairy Falls y la Bridal Veil Falls. Esta última depende de si ha llovido mucho en los días anteriores, pareciéndose al velo de una novia en su caída. Nosotros no nos podemos quejar porque todas las cascadas estaban en su mayor apogeo.

Después continuamos hasta la entrada del fiordo en Dale Point, que impide efectivamente ver Milford Sound desde el Mar de Tasmania. Allí pudimos comprobar la mala leche que tiene este mar, pues zarandeaba el barco que daba gusto, y hacía un viento helado de impresión… Allí vimos algunas focas tomando el sol (¿?), pero a la mayor parte de la colonia la encontramos en la denominada Seal Rock (los anglosajones no se complican con los nombres). Filmamos a un montón, ya que el capitán acercó el barco hasta las rocas. Incluso vimos a una echar el desayuno sobre su compañera que estaba durmiendo tan a gusto…

A continuación, ya de vuelta hacia el puerto por la parte derecha del fiordo, el barco se detuvo junto a las Stirling Falls, otra cascada enorme, de 146 metros de altura, de carácter permanente y alimentada por los glaciares del Monte Pembroke y adyacentes. Aquí, nos quedamos en cubierta a pesar de las advertencias del capitán y acabamos mojados de pies a cabeza (menos mal que llevábamos la ropa impermeable). Uno de los miembros de la tripulación no dejó a Vichy entra a refugiarse, cuando ésta se “rajó”…jejeje.

Por último, vimos el único punto de anclaje, además resguardado, de todo el fiordo, en Harrison´s Cove, donde se encuentra el Milford Underwater Observatory, lugar de estudio, entre otras cosas, del coral negro que crece a 9 metros de profundidad. Vale la pena hacer el crucero de casi dos horas. Nos reímos muchísimo con la foca descompuesta y con la calada de las cascadas Stirling. Esperamos no resfriarnos!!

Iniciamos poco después el camino de vuelta, esta vez sin prisas, y por ello paramos en dirección al campamento Gunn, justo después de salir del Tunel Homer (cogiendo una desviación a la izquierda), para hacer parte del camino que lleva al lago Marian. La primera parte de esta senda transcurre entre un bosque precioso, muy denso, cubierto absolutamente de musgo y helechos por todas partes, junto al arroyo Marian, hasta un mirador alucinante, que bordea unos rápidos imposibles. Son 45 minutos ida y vuelta, en los que además pasas por un punte colgante de los que se mueven de verdad, mucho más que los del Monte Cook.

De vuelta a la caravana seguimos camino por el valle de Hollyford, pasando el Campamento Gunn, todo por una pista sin asfaltar, dejando a los lados a gente que practicaba kayaking. Al final literalmente de la carretera, un camino de 45 minutos te lleva a las altas cascadas Humboldt. Otra pasada. Eso sí, la subida es de rompepiernas, con pendientes muy pronunciadas. Desde la desviación de la carretera Te Anau-Milford, son 17 kilómetros interminables por una pista de grava, que supuestamente era el inicio de la antigua conexión entre los distritos de Southland y Westland, aprobada hace 80 años pero nunca terminada (y no parece que eso vaya a cambiar algún día).

Tras la caminata de Humboldt, retomamos la vuelta hacia Te Anau, parando eso sí, en Cascade Creek para a través de una senda de unos 45 minutos de nuevo, llegar al oscuro Lago Gunn. Este lago es el que podéis ver en la cabecera del blog, para que os hagáis una idea de cómo es. Se encuentra rodeado de un bosque sacado de una película de fantasía, o de hadas, como queráis llamarlo. A nosotros nos recordaba a Excalibur, muy místico y primitivo. La principal razón era el musgo verde que parecía apoderarse hasta de las hojas de los árboles. Daba un poco de miedo, incluso. Eso sí, fue una caminata muy agradable, aunque la humedad del lago se filtra hasta los huesos.

Ya con el sol cayendo, dirigimos a nuestra super caravana hacia el lago Manapouri, a 20 km al sur de Te Anau. Es otro de los lagos más bonitos de Nueva Zelanda, con 34 islas en medio del mismo, y un entorno realmente precioso. Es punto de partida de la ruta hacia el fiordo Doubtful Sound (a nosotros no nos dio tiempo de hacerla) y escala de la remota Dusky Track, otra de las caminatas más importantes del mundo, que llega hasta el fiordo Dusky Sound.

Manapouri es símbolo de la lucha de los neozelandeses por el medioambiente, dado que en 1969 una campaña (“Save Manapouri”) recogió la firma del 17% de la población con derecho de voto para evitar que la construcción de una presa anegara la ciudad de Manapouri y Te Anau, al elevar el nivel del lago. Esta campaña provocó incluso la caída del gobierno y concienció a toda Nueva Zelanda de la importancia de conservar el mayor tesoro con el que cuentan.

Tras las fotos de rigor, ya con el sol poniéndose, volvimos a Te Anau para pasar la noche. Yo estaba hecho polvo así que Vicky cogió la caravana de vuelta para ir acostumbrándose a darme relevos y la verdad es que conducir por la izquierda no es tan difícil como puede parecer de primeras.

Quisimos cenar en el Redcliffe Bar, pero estaba cerrado así que nos fuimos al Beliez, donde probamos dos platos con venado y cordero, realmente muy buenos, regados con cerveza Speight, para irnos a dormir a gusto.

Cuando nos acostamos, empezó a caer la lluvia con ganas, pero pensamos que ya pararía al día siguiente… ilusos!!

miércoles, 26 de agosto de 2009

Te Anau y las "Glowworm Caves"


Tras nuestra mañana de “granjeros”, continuamos camino por el Sur, sin detenernos en algún sitio pintoresco como Curio Bay, dado que no teníamos mucho tiempo. Invercargill es una ciudad anodina, pero que a nuestro juicio destaca por lo feos y gordos que son sus habitantes (sobre todo ellas). Pudimos comprobarlo cuando paramos a hacer la compra en un supermercado. Cierto es que el super estaba en una zona sencilla, porque luego pasamos por el “beverly hills” de la ciudad, con casas espectaculares, y suponemos que por allí la gente se cuidará más y vestirá mejor (lo que vimos hacía daño a los ojos).

Tras un par de horas de viaje por paisajes agradables y carreteras con interminables rectas, llegamos al pueblecito de Te Anau. Rápidamente dimos con el camping Top 10 de aquí, a las orillas del lago. La primera mala noticia fue que estaba lloviendo un poco, por lo que la cosa pintaba un poco mal. Encima, cuando preguntamos por la posibilidad de ir a las Cuevas de las Luciérnagas (Glow Worm caves), resulta que, como había estado lloviendo todo el día, el nivel del agua de las cuevas había subido una barbaridad, y no sabían si la excursión de las 7 p.m. se realizaría.

Como estamos teniendo mucha suerte, tras pasear un rato por la orilla del precioso y enorme lago Te Anau, nos confirmaron que la excursión se llevaría a cabo, así que nos equipamos para protegernos contra el frío y fuimos al Moose (un pub local) a tomar una cervecita antes de marchar. Vicky se indignó al ver que sólo había toilets para hombres y unisex, pero bueno, son cosas de mujeres…. jejeje.

Tras calentarnos el cuerpo con una jarra de Speight´s (lástima que en Dunedin no pudimos ir a ver la fábrica), nos dirigimos hacia el embarcadero. Las cuevas se encuentran al otro lado del Lago, y su historia es muy peculiar. En la primera mitad del siglo XX, se pensaba que las cuevas eran sólo una leyenda. El folklore maorí hablaba de una cueva llena de remolinos de agua (Te Ana-au), y sin embargo la localización de la misma parecía perdida en la historia. Un tour operador local llamado Lawson Burrows estaba tan intrigado con las historias de las cuevas que pasó 3 años buscando el manantial del que hablaba la leyenda. En 1948 encontró un arroyo que surgía con fuerza de las colinas circundantes al lago, así que se metió en el agua, se deslizó por la entrada y salió a la superficie en una oscura cueva. Sobre su cabeza, quedó asombrado al encontrar miles de luciérnagas brillando.

La leyenda maorí que tanto intrigaba a los lugareños era la siguiente: el jefe maorí Te Horo descubrió un manantial sagrado, y le pidió a su esposa que no revelara el secreto de su existencia a nadie. Sin embargo, cuando Te Horo partió en un largo viaje, su esposa tomó un amante (es que uno no debe fiarse…), y le mostró el manantial. Tan pronto como la cara del amante se reflejó en las aguas, un furioso torrente surgió del manantial, cubriendo la aldea bajo sus aguas y formando el lago Te Anau.

Nosotros nos embarcamos en el “Luminosa” y tras 25 minutos de navegación a oscuras por el lago, alcanzamos la otra orilla, donde nos separaron en tres grupos. Nos metimos en el primero y seguimos a una chica hasta la entrada de las cuevas. Estas cuevas forman parte de un sistema de cuevas mayor, llamado Aurora, que mide 6,7 km. Tienen 12.000 años de antigüedad (son por tanto jóvenes y todavía expandiéndose), aunque la tierra que están horadando las aguas tiene más de 35 millones de años…

La entrada de las cuevas, en las que no se puede usar cámara, video ni hacer ningún tipo de ruido, es bastante baja (incluso para nosotros dos), por lo que hay que agacharse al entrar. Allí pudimos ver las primeras luciérnagas. El motivo de no usar cámaras ni hacer ruido radica en que si se asustan, las luciérnagas dejan de brillar. Tras la entrada, seguimos una pasarela de madera que sobrevuela un torrente de agua enorme. Justo después, alcanzamos una zona conocida como la catedral, de 20 metros de altura, la parte más alta de todo el sistema Aurora. En ella pudimos comprobar las distintas fases de creación de la cueva, en las marcas de la piedra caliza. Casi sin dejar que nos recuperáramos de la estupenda visión, alcanzamos la cascada, donde el agua caía con una fuerza tremenda, reverberando en la cueva de una forma espectacular. Tras la cascada, vino una zona conocida como el remolino, donde tras pasar por un puente de piedra natural desde donde se veía la acción corrosiva de las aguas, alcanzamos el embarcadero. La espuma que se ve en toda la cueva es muestra de la acidez del agua que va corroyendo la piedra caliza y formando y ampliando el sistema Aurora. Lo cierto es que las lluvias caídas los últimos días en Te Anau nos vinieron de perlas, puesto que pudimos ver el torrente de la caverna en plena acción, muy caudaloso. De hecho, el nivel del lago había subido ese día 1 cm., aunque cuando llueve torrencialmente puede alcanzar una subida de hasta 1 metro.

En el pequeño embarcadero, nos subimos a una barcaza y dejamos toda luz atrás. Guiado por una cadena que iba moviendo la guía, en absoluta oscuridad, nos encontramos con el mayor atractivo de las cuevas: el techo a ambos lados estaba totalmente cubierto de luciérnagas que brillaban con mucha intensidad. Es un momento indescriptible: no se escucha ni el torrente de agua, y sólo está la luz azulada de estos bichitos. Hay que decir que no son precisamente unos angelitos, puesto que la luz pretende atraer a insectos que se quedan adheridos a unas tiras que las luciérnagas cuelgan del techo, para luego alimentarse de ellos. Así que cuanto más brillan, más hambre tienen!!. Viva “Gusiluz”.Las luciérnagas sólo brillan cuando son larvas, luego ya no. Este periodo dura unos nueve meses, al parecer.

Tras el maravilloso momento en la gruta de las luciérnagas, volvimos otra vez a través de la cueva hasta la salida y nuevamente al barco. De vuelta, nos pusieron un reportaje sobre la zona y su origen geológico, donde nos enteramos, entre otras cosas, de que los Alpes del Sur son la cordillera que más rápido crece del mundo (1 pulgada al año) y que la profundidad del lago Te Anau superaba los 480 metros. Al llegar al puerto hacía un frío tremendo, sobre todo por la lluvia (no muy fuerte pero casi era aguanieve), así que nos dirigimos a la caravana bordeando nuevamente una parte del lago Te Anau. Estábamos muy cansados pero realmente extasiados con lo que terminábamos de ver: las cuevas en sí ya son una maravilla, y en España no hemos visto nada igual, pero lo de las luciérnagas es algo ya fuera de serie. Hay que verlo una vez en la vida.

La granja de los McKenzie y las cascadas McLean


Esta mañana nos hemos levantado temprano, para estar preparado para cuando viniera Mason McKenzie, que así se llama el granjero propietario del camping. A las 8 menos veinte hemos visto a sus tres hijos bajar en bicicleta, dejarlas junto al camping y coger el autobús que les lleva a la escuela (aquí van desde las 9 a las 16:30, a escuelas que están a 40 minutos en coche de sus casas…).

Cinco minutos después ha llegado Mason con un Land Cruiser hecho polvo (literal) para recogernos a Vicky y a mí, y llevarnos a ver su granja. Probablemente haya sido uno de los momentos más entrañables en lo que llevamos de viaje. Hemos podido charlar animadamente con un granjero neozelandés de su forma de vida, de política, economía e incluso derecho!! Las cosas no son siempre lo que parecen, puesto que tras la pinta de granjero desastrado pudimos comprobar que Mason era un señor joven (digamos de unos 40-45 años) con muchas inquietudes. La primera sorpresa fue cuando pudimos ver la extensión de su granja: con la vista no la abarcábamos toda. Hectáreas y más hectáreas de colina, bosques y matorral, llenas de ovejas, vacas, gallinas e incluso un par de caballos. Según nos contó Mason, sus abuelos escoceses compraron a los americanos un par de bulldozers cuando acabó la segunda guerra mundial y se vinieron a Nueva Zelanda. Compraron en los Catlins unas hectáreas de bosque no protegido y se pusieron manos a la obra. Su padre continuó el mismo camino hasta convertir la tierra en lo que estábamos viendo hoy, una granja valorada en unos 4 millones de $ neozelandeses, que produce unos 6.000 corderos al año, y que incluso ha cerrado acuerdos con una cadena de supermercados alemana para venderles ganado. Y sin ayuda. Su mujer es profesora, y aunque nos dijo que prefería estar en la granja lleva 3 años dando clase en la escuela ante la falta de profesores. El sentido del deber para con la comunidad que tiene esta gente es como mínimo asombroso.

Mason nos enseñó cómo separan a las ovejas en función de su “productividad”: escogen genéticamente a aquellas ovejas que pueden dar dos o más corderitos cada vez y a las otras las venden / sacrifican (no son rentables). Si te ponen un punto rojo o verde, genial. Si te toca el azul, tus días están contados.

Pudimos ver a un corderito recién nacido de sólo una hora de vida, que ya andaba junto a su madre (llegan a engordar medio kilo al día). Es curioso cómo cada corderito va con su madre. Los puedes mezclar que en un momento ellos se reordenan (ya se sabe, cada oveja con su pareja…). En uno de los cercados, un corderito se había enganchado y no conseguía alcanzar a su madre, así que rápidamente le ayudamos a saltar. Era muy gracioso, verlos a todos corretear por ahí.

Mason nos mostró las obras de expansión de su granja, ya que si no creces, no puedes competir. Para ampliar la granja, y poder comprar más tierra que añadir a la de sus padres, trabajó de buzo para las petroleras americanas en Laos, Vietnam y Malasia, ganando… 3.000 $ nz al día. Eso sí, un trabajo durísimo. Ahora, ha montado un trust, que es el propietario de la granja y de todo el resto del inmovilizado (maquinaria, etc…), y él y su familia son arrendatarios de la misma (para evitar pagar muchos impuestos…). En todo caso, las obras de ampliación van despacio puesto que el gobierno no les deja ampliar más de 1000 ha por año.

En fin, estuvimos hablando con él de muchísimas cosas, y pudimos comprobar cómo la crisis mundial no ha afectado demasiado a Nueva Zelanda, y en particular a su principal industria, la agricultura y ganadería. De hecho, empresas neozelandesas están comprando granjas en Uruguay, España e incluso Malasia, que luego arriendan a los granjeros locales bajo su supervisión, previa enseñanza por parte de granjeros neozelandeses, que en unos 3 meses pueden ganarse 60.000 euros “dando clases en el extranjero”. El paro sigue oscilando entre un 3 y un 6%.

Nos dejó en las cascadas Mclean, bueno, al principio de un camino de 45 minutos (ida y vuelta), que discurría entre los frondosos bosques habituales de los Catlins. Así que empezamos la subida hasta llegar a las cascadas. Nuevamente, nos impresionó muchísimo la belleza de las mismas. Eran escalonadas y había una pequeña “piscina” en la parte superior de las mismas que podríamos haber alcanzado escalando un poco, pero que, dado la temperatura casi glacial del agua, tampoco valía la pena subir si no nos íbamos a meter en ella. Dimos media vuelta y tras llegar al punto de partida, iniciamos la caminata hasta el camping. Mason nos dijo que nos recogería, pero se le habían extraviado un par de vacas y andaba un poco liado tras de ellas, como pudimos comprobar. Fueron unos 5 km de vuelta, cuesta arriba la mayor parte de ellos, pero no vino mal. Volvimos a hablar con Mason y conocimos a dos de sus perros pastores. Luego nos despedimos de él, llegamos al camping y cogimos la caravana en dirección Invercargill, siguiendo nuevamente la “Southern Scenic Route”, pero con un destino prefijado: encontrar un supermercado para avituallarnos, y tomar un café. Sirva como inciso decir que el café en NZ es realmente bueno, aunque los italianos se nos han adelantado y aquí hay que pedir “machiattos”, “expressos” y “café lattes”… Como siempre, los españoles nos vendemos de pena. Será por lo poco que viajamos…

martes, 25 de agosto de 2009

Dunedin, Otago y los Catlins


Esta mañana nos hemos levantado temprano otra vez (estamos madrugando más en vacaciones que durante el resto del año), y hemos dejado el camping, precioso por cierto, en una colina junto a un río, y nos hemos dirigido a Dunedin, una de las ciudades más grandes de Nueva Zelanda. Tras conseguir aparcar (sólo veíamos parkings subterráneos), hemos caminado hasta el centro neurálgico de la ciudad, una plaza conocida como “The Octagon” (el octágono), llamada así por su forma. En esa plaza se encuentra la catedral anglicana de St. Paul, muy típicamente inglesa, y que tiene más de 130 años (bastante para lo que se estima por aquí).

Como todavía era muy pronto, nos dirigimos a Strictly Coffee, la segunda cafetería más seria de Dunedin. Es un local de estilo retro escondido al final de la cochambrosa Bath Street, junto al Octagon. Tiene varias salas con decoración diferente, donde muestran obras de arte. Pero lo mejor, además del café, delicioso, es el Tostador de café que tienen en una de las salas, y que puede contemplarse en plena faena. El olor es una maravilla. Tras coger fuerzas, nos fuimos a ver la estación de tren, dejando para otro viaje la visita a Cadbury World (inmensa fábrica de chocolate, donde tienen una cascada de ese líquido mmmm). Este magnífico edificio es de estilo eduardino, y tienen más de 100 años. Se dice que es el edificio más fotografiado de NZ, por lo que nosotros contribuimos a ello fotografiándolo completamente. Sus suelos son de mosaico, y tiene unas vidrieras muy bonitas. En sí, el edificio es una pasada, parece que estés en otra época. En el andén, estaba un ferrocarril de época, el Taieri Gorge Railway, donde Vicky estuvo a punto de subirse para no volver a ver a sus gatos…

Antes de hacer la necesaria visita a la oficina de Turismo, pasamos por la Otago First Church, iglesia presbiteriana que como su nombre indica, fue la primera que se edificó en la ciudad. Tiene un campanario espectacular, y por dentro, aunque pequeña, su combinación sobria de madera y piedra hace que sea muy acogedora.

Por último, pasamos por la I-site, que se encuentra en el interior del antiguo ayuntamiento de Dunedin, un edificio de corte victoriano muy bonito, con una torre central que alberga el reloj de la ciudad.

Recogimos la caravana y nos encaminamos a la península de Otago, en busca de los albatros reales, única colonia en tierra firme del mundo donde se pueden ver a estos pedazo de animales (1m de cuerpo y 3m de envergadura). La carretera hacia el Centro de Albatros, llamada Portobello Road, porque se dirige a un pueblecito costero con ese nombre, es endemoniada incluso para un coche. Vas pegado al borde del mar, sin arcén y ni siquiera quitamiedos. Estoy hecho un conductor de primera. Si Garrigues me despide, ya sé que puedo ganarme la vida como autobusero…

Esta península es de obligada visita para los que gusten de los animales (albatros, pingüinos, lobos y leones marinos, aves de todo tipo. Fuimos bordeando el canal Victoria, dejando a un lado la isla Quarantine, hasta llegar a la bahía de Portobello y un poco más allá, a Punta Taiaroa, donde está el Centro del Albatros Real. Mejor preguntar primero antes de pagar, porque no siempre pueden verse estos animales. La chica del mostrador de información nos dijo que había 3 crías, que estaban siendo alimentadas por una pareja de albatros adultos, pero que no sabían a qué hora volvían al nido, por lo que no nos aseguraban que, tras 1 hora y pico de tour guiado, pudiéramos verlos. La mejor época es, al parecer, de diciembre a febrero. Nosotros preferimos acercarnos a las colonias de gaviotas de pico rojo, grullas y otras aves autóctonas de Otago, que tienen la cresta negra, y que en ese momento estaban haciendo sus nidos. Era muy gracioso, además de ruidoso (imaginaos 150 aves chillando a la vez…). Estos pájaros anidan en los huecos del acantilado, evitando así ser pasto de depredadores.

Para evitar volver por la carretera de la muerte, que bordeaba el mar, en Portobello giramos hacia el interior de la península por Highcliff Road. La opción valió la pena puesto que aunque la carretera también era muy sinuosa, las vistas de ambos lados de la península fueron espectaculares, en particular las de las ensenadas de Papanui y Hooper.

Saliendo de la zona de Otago y Dunedin, decidimos continuar por la Southern Scenic Route, una carretera que se dirige hacia Invercargill, a través de la zona boscosa de los Catlins, y que aunque nos retrasaría de cara a llegar a Te Anau, en la otra parte de la isla, junto a los fiordos, sin duda valió la pena por la cantidad de cosas que vimos y que nos pasaron.

La ruta empezó con la hermosa vista del lago Waihola, desde las montañas circundantes, totalmente cubiertas de bosque. Continuamos hacia Balclutha, no sin antes parar (algo desesperados) para repostar diesel, porque en esta zona del país escasean las gasolineras. Balclutha es una pequeña ciudad que realmente no tiene nada de especial, salvo el río Clutha, el más caudaloso de Nueva Zelanda. A nosotros nos recordó un poco al Ebro en su paso por Amposta, de lo ancho que era.

De ahí fuimos hacia Nugget Point, uno de los lugares más impresionantes que hemos visitado hasta la fecha, y eso que tuvimos que conducir la caravana por un camino de grava y piedras, totalmente empinado y estrecho en el que un par de veces las ruedas derraparon. Dejamos el vehículo en el parking y caminamos una media hora por una senda no vallada hasta el faro. Los últimos cien metros decía la Lonely Planet que eran espectaculares, y no defraudó. Teníamos a ambos lados acantilados y mar, y nosotros por el caminito estrecho… En Nugget Point está uno de los faros más antiguos de NZ (1870), el cual fue automatizado totalmente en los noventa. Siempre fue uno de los lugares más peligrosos de la costa este, algo así como la Costa da Morte en Galicia. Ya veréis las fotos, porque es imposible de describir. Como suele ser además habitual en estos lugares, hay una colonia de leones marinos y otra de pingüinos de ojos amarillos.

Volvimos a coger la caravana con ánimo de llegar a las Cascadas MacLean. Pero antes, parada obligatoria para ver las Cascadas Purakaunui, que eran escalonadas, escondidas entre un bosque fresco y oscuro de totaras y helechos, una auténtica pasada. Como había llovido la noche anterior, estaban realmente preciosas. De ahí, fuimos corriendo, porque nos quedaba apenas una hora de luz, hacia la caravana, y caminito al sur, que diría aquél. Pasamos el pueblecito de Papatowai (qué gran nombre!!), el cual se encuentra rodeado por una especie de manglar, y terrenos semi pantanosos, que hacen que parezca los Everglades de Florida. Muy curioso. Al salir de Papatowai, paramos en un mirador sobre la bahía Tahakopa, que tiene toda la pinta de ser una playa de surferos… No pudimos ir al contiguo lago Wilkie, puesto que habríamos perdido la hora de luz que nos quedaba y queríamos alcanzar las cascadas.

Ya en los Catlins, nos encontramos con una zona de bosque muy cerrado, autóctono, con totaras, rumis, pates, y otros árboles de nombre maorí, nada parecido a los bosques de robles, hayas, abetos, etc., que habíamos visto hasta ahora. Ahí es donde nos llevamos la primera pequeña decepción del viaje: las Cathedral Caves, unas cuevas inmensas que sólo se pueden visitar cuando la marea está baja, se encontraban cerradas, porque unas mareas muy fuertes habían estropeado todas las señalizaciones, y habían dejado sin arena por la que caminar a la playa. Como estábamos cansados, nos fuimos al contiguo camping de MacLean Falls, para descubrir que estaba prácticamente cerrado. Estaba vacío pero un cartel decía que podíamos aparcar la caravana y que ya vendría el manager. Nuestra sorpresa fue cuando se acercó un granjero y nos dijo que él era el dueño del camping, y que podíamos pasar allí la noche (pagando por supuesto 30 $). Era un tipo muy amable, y se ofreció a enseñarnos su granja por la mañana para que viéramos a los corderitos recién nacidos, cosa que a Vicky particularmente le hizo mucha ilusión. Ha dicho (mentira por supuesto) que no va a comer más cordero… También nos dijo que nos acercaría al camino que va hasta las cascadas MacLean.

Como veis ha sido un día muy duro, así que nos dimos una ducha, cenamos (cordero) y a la cama. Fue curioso tener el camping para nosotros solos. Se veían todas las constelaciones de forma impresionante (lo dice Vicky, yo estaba roque) y los tui (pájaros autóctonos) hacían unos sonidos curiosísimos, como los de R2D2 (el robot de la Guerra de las Galaxias).

domingo, 23 de agosto de 2009

¡Pingüinos!


Esta mañana hemos dormido un poco más de lo habitual, y nos hemos levantado a las 8. La idea era ir a dar una vuelta por Oamaru, un pueblo con varios edificios de corte victoriano, pero un pequeño percance con la caravana nos ha retrasado.

Una vez solucionado el tema técnico nos hemos ido a desayunar al Café Expresso, donde la Lonely Planet decía que el café era estupendo, y no se equivocaba. Además hemos dado buena cuenta de un trozo de pastel de zanahoria y de un muffin de queso, bacon y verduras! Menos mal que ayer quemamos muchas calorías... Después, viendo la hora que era, hemos preferido marchar al Sur a ver las "Moeraki Boulders", unas formaciones rocosas muy curiosas como veréis luego. De camino nos hemos encontrado con la pareja de sevillanos que conocimos en los vuelos, y les hemos contado nuestro plan. Ellos iban a ver a los pingüinos, pero estos no salen del agua hasta una hora antes de ponerse el sol, así que han decidido ir también a Moeraki.

Por nuestra parte, nada más decir que las rocas de Moeraki son también curiosísimas. Se trata de enormes cantos rodados en la playa de Moeraki, unos pequeños otros enormes, perfectamente redondos. Parecen balones de fútbol gigantes, y tienen miles de años de antigüedad. La leyenda maorí cuenta que uno de los barcos de los dioses naufragó frente a las costas de Oamaru y la carga que llevaba se volvió de piedra al tocar tierra... Estos maoríes tenían una imaginación...

Tras hacernos unas fotos y recoger conchas de Paua (un tipo de almeja cuya concha es nacarada y muy brillante), nos hemos encaminado hacia el pueblo de Moeraki, una aldea de pescadores que cuenta con uno de los mejores restaurantes de Australasia, y que además no es nada caro: el famoso Fleur´s Place (el lugar de Fleur). Digo famoso porque hasta han escrito libros sobre él... En todo caso, hemos comido un pescado (un trompetero de Tasmania) al horno para dos (imaginaos el tamaño) con verduritas al vapor, sentados al aire libre viendo la bahía de Moeraki, rodeados de gaviotas. Realmente de postal. Hoy, por cierto, también nos ha hecho un día de cine.

Fleur´s es una taberna de pescadores, toda de madera, que bien podría haber sido sacada de la imaginación de Robert Louis Stevenson para su "Isla del Tesoro". De hecho, a algún viejo lobo de mar vimos por allí. En cualquier caso, la carta de pescado y marisco fresco, así como el cordero, haría las delicias de muchos restaurantes "Michelin", y todo por 30 euros!!!!

Como se iba haciendo tarde hemos cogido la caravana y marchado hacia el faro de madera de Moeraki, donde también hay un observatorio de pingüinos de ojos amarillos. Este tipo de pingüino es de los más raros del mundo y casi todos se encuentran en Nueva Zelanda. Son bastante grandes, pero muy tímidos, por lo que tienes que acercarte sin que te vean para poder fotografiarlos. Nosotros hemos tenido mucha suerte, y con la ayuda de unos señores mayores que nos indicaban dónde habían visto a alguno, hemos conseguido filmar y fotografiar a tres. Uno de ellos ha estado a escaso medio metro de nosotros. La verdad es que ha sido muy emocionante. Son realmente muy bonitos, con unos colores muy peculiares. De paso, hemos visto (y filmado) a algún león marino que otro...

De allí, vuelta a Oamaru a ver la mejor colonia de pingüinos azules de Nueva Zelanda, con más de 140 parejas (ahora en invierno hay menos). Este tipo de pingüino es muy pequeño, mide 30 cm, pero es muy gracioso. Anda siempre en grupos de 20 más o menos, y se esperan unos a otros al salir del agua, llamándose con sus gritos. Sólo salen a la superficie para ir a dormir, una vez el sol se ha puesto. Nosotros hemos tenido suerte, y desde el observatorio (hay que pagar 20$ por persona), hemos visto a 54 pingüinos. Han salido del agua sin estrellarse contra los acantilados y se han dirigido a sus nidos. La verdad, era para troncharse al verlos esperarse para cruzar un camino hasta el nido... En Oamaru han conseguido, mediante buenos cuidados del entrono, hacer que la colonia triplique su número.

Ya era de noche cuando hemos emprendido el camino a Dunedin, y se ha hecho algo pesado. Menos mal que al poco de entrar en la ciudad hemos encontrado un camping, que además tiene buena pinta. Esto está lleno de cámpings, dado que el turismo de caravana está muy bien organizado en el país. Nos han dado un sitio junto a un río y mañana veremos la ciudad (tiene más de 100000 habitantes), cuyo nombre es "Edimburgo" en gaélico.

sábado, 22 de agosto de 2009

Monte Cook


Hoy sábado 22 nos hemos levantado a las 4:30, y nos hemos puesto en ruta hacia el Monte Cook. Hemos desayunado en el Lago Pukaki, lago que se ha formado recientemente como consecuencia del avance del glaciar Tasman. Este lago también tiene el típico color turquesa de los lagos de la zona. Es inmenso y muy bonito.

Tras repostar gasolina en Twizel, poblado formado en 1968 para acoger a los trabajadores de la construcción de la central hidroeléctrica, y donde se filmó la batalla de los campos de Pelennor (Peli 3 del Señor de los Anillos), nos hemos dirigido a los Alpes del Sur para ver el Mt Cook o Aoraki, su nombre en maorí, que significa, "horadador de nubes", y que hace referencia a una leyenda de tres hermanos que subieron a ver a los dioses y se petrificaron allí. Por cierto, para los fans de Tolkien, los Alpes del Sur fueron las Montañas Nubladas de la "Comunidad del Anillo".

La vista es realmente impresionante con el color turquesa del lago Pukaki y los Alpes de fondo poblados de nieve.

Hemos hecho una ruta de 3 horas por el valle de Hooker que atraviesa un par de puentes oscilantes (se movían de verdad, sobre una gargantapor donde corría un río bravo) en su camino al arroyo Stocking y la lengua terminal del glaciar de Hooker. Pasado el segundo puente se encuentra el Mt Cook.

Arriba impresiona ver las lenguas del glaciar, las placas de hielo de color azul y el ruido del hielo al romperse. Hace un frio que pela, antes no se notaba pero en el glaciar hace además bastante viento. En cualquier caso, el paisaje impresiona mires por donde mires.

En este monte es donde se entrenaba Edmund Hillary, el primer hombre en alcanzar la cima del Everest, y que por supuesto era neozelandés.

Después nos hemos dirigido hacia Oamaru, pasando por otros tres lagos más, el lago Benmore, el lago Aviemore y el lago Waitaki, que sigue su curso por el río Waitaki, cada cual más grande, ¡por agua será!

Hemos parado a tomar un capuccino y unos pasteles en el Te Kohurau Restaurant & Café de Kurow, recomendado por la guía lonely planet. Estaba realmente bueno, y ha valido la pena la parada (era un pastel de chocolate y otro llamado "belgian square").

En total hemos cubierto unos 350 km, lo cual unido a la caminata de 3 h ha supuesto que Gerardo se quede dormido dejándome a mí a cargo del blog, la colada y la fregaza. Aún tiene mucho que aprender de los camping! Menos mal que por iniciativa propia hoy ha hecho la fregaza que yo no pude hacer.

Mañana veremos Oamaru, y sus famosos pingüinos azules, así como sus primos extraños de ojos amarillos, típicos de Nueva Zelanda.

viernes, 21 de agosto de 2009

Peel Forest y Lago Tekapo


Esta mañana (viernes 21) hemos salido de Christchurch en dirección a Geraldine, un lugar idílico con bonitos jardines y una de las mejores tiendas de mermeladas de Nueva Zelanda, Barker´s. De camino hemos parado en Ashburton a tomar un café en "Evolution Cafe", que por cierto estaba estupendo. Geraldine tiene poco más de 2000 habitantes, lo que la convierte en gran ciudad seún los parámetros del interior de la Isla Sur. Tras una charla amigable con la gente de la Oficina de Turismo (Isite), nos hemos dirigido al norte hacia Peel Forest, uno de los bosques de coníferas más importantes del país. El tiempo, que estaba nublado, se ha arreglado y ha salido el sol, que incluso calienta. Nos sobraban hasta los abrigos. Ya preparados hemos iniciado el primero de los trekkings que haremos en NZ.

Para entrenarnos, hemos hecho la Big Trees Walk, de unos 30 minutos, para ver los totaras y kahikateas más grandes de la zona. Son árboles de unos 9 metros de diámetro y entre 20 y 60 metros de altura, que los maoríes utilizaban para fabricar sus canoas de guerra (podían albergar hasta 100 guerreros!).

Luego nos hemos decidido por una caminata de hora y media montaña arriba por la Allans Track, hasta alcanzar una cascada de 14 metros de altura, que se llama Acland Falls. Tras una subida de aupa durante 40 minutos, hemos empezado a descender hasta llegar al cauce de un arroyo, que hemos seguido (por el agua) hasta alcanzar la cascada. La zona era una maravilla, como toda la naturaleza en Nueva Zelanda.

Después hemos partido hacia el Territorio McKenzie, cuya puerta de entrada es el pueblecito de Fairlie, de 700 habitantes. Como tiene un buen camping, hemos reservado aquí y luego hemos continuado hasta el LAgo Tekapo. Los 45 km hasta llegar al lago son espectaculares, con los Alpes del Sur al fondo, Monte Dobson a la derecha y la estepa a la izquierda. Todas las montañas están nevadas, pero hace sol.

Una vez llegamos al lago, éste es puro espectáculo. Tiene un profundo azul turquesa cuando el sol se refleja en él, rodeado de montañas. Es enorme, y sólo esta vista ya hace valer la pena venir hasta aquí. Nos hemos hinchado a hacer fotos y tras remolonear un poco por la zona (apenas hay tres calles en el pueblo, aunque en vereno dicen que se pone hasta arriba de turistas), nos hemos vuelto a Fairlie.

A cenar hemos ido a la Old Library, una antigua biblioteca de 100 años de antigüedad convertida en restaurante. Y allí, además de comer un cordero con verduras delicioso, nos hemos encontrado con que el dueño estuvo dando clases de inglés en MAdrid durante un tiempo hace 15 años.... Es que el mundo es un pañuelo.

Como viene siendo habitual, nos vamos pronto a la cama para empezar aún más pronto el día y aprovechar las horas de luz. Mañana iremos al Monte Cook directamente.

jueves, 20 de agosto de 2009

Ayer vimos ballenas....


Buenos ayer fue en verdad nuestro primer dia de contacto con la Nueva Zelanda de las fotos, porque el dia anterior bastante tuvimos con aprender a llevar la caravana por la iquierda, el cambio de marchas, encontrar un camping, etc.

Nos levantamos un poco tarde para lo que deberemos hacer durante el viaje y eso nos paso factura por la noche, puesto que tuvimos que volver por una carretera de montanya y que os voy a contar....

Fuimos a Kaikoura, uno de los sitios donde mejor se pueden ver ballenas del mundo. Nosotros tuivimos suerte y salimos con unas de las pocas plazas que quedaban en el crucero de ese dia. Unos mallorquines no consiguieron billete por minutos y se fueron a verlas en avioneta, pero no es lo mismo. Encima nos hizo un dia esplendido, muy soleado y sin ninguna lluvia o viento. El mar parecia una balsa... una pasada. En fin, que nos embarcamos a las 12:45 y estuvimos viendo ballenas (y focas) hasta las 16:00. Ya colgaremos las fotos pero fue una pasada.

Ademas, Kaikoura es un sitio privilegiado, puesto que es una peninsula toda verde con unas montanyas de infarto a escasos 2 kilometros de la costa, con lo que la imagen es de postal, algo realmente impresionante.

Luego fuimos a ver otra colonia de focas ya degustar nuestra primera langosta en un puesto de carretera donde te la hacian delante tuya en el momento, todo productos frescos. A Vicky le encanto eso y unas vieiras que probo, la verdad es que fue muy curioso, sentados frente al mar, en unas mesas sobre la hierba y degustando marisco recien hecho, en un entorno inolvidable.

Hoy salimos para los bosques de Geraldine y Monte Cook, a ver si el tiempo acompanya. El camping donde hemos pasado la noche, de miedo (por bueno).

martes, 18 de agosto de 2009

En el aeropuerto de Hong Kong

YA estamos en Hong Kong, tras 12 horas de viaje, más o menos, y Vicky está un poco cabreadilla porque le han quitado los chinos los mecheros de reserva que llevaba. Al menos no nos han tomado la temperatura y cosas así, que están un poco paranoicos con la gripe A.

El aeropuerto está muy bien, es muy limpio y podrías hasta comer en los aseos. Hemos encontrado una cafetería que tiene una máquina Illy y nos hemos metido un par de capuccinos entre pecho y espalda, dado que el vuelo se ha hecho pesado y todavía nos quedan otras diez horas para llegar a Auckland. Hemos encontrado otras cuatro parejas jóvenes que van a hacer el mismo viaje, con alguna variante, y todos han reservado con NZ viajes, lo cual es una buena señal. Puedes distinguir a los españoles porque todos llevamos cosas compradas en el Decathlon!!

Estoy ahora mismo en un punto wifi del aeropuerto de Hong Kong. Hay wifi gratuito en todo el aeropuerto y además puedes cargar tu móvil o el portátil. Están más avanzados que nosotros, al menos aquí, que ya se sabe que HK no es China, sino más bien Inglaterra, por aquello que fue antigua colonia...

En fin en 20 minutos volvemos a embarcar. Ya contaremos con más detalle cuando lleguemos al cámping. De momento, nos quedamos con la imagen de los rascacielos de Hong Kong, entre las islas, bahías y montañas verdes... una pasada.

domingo, 16 de agosto de 2009

El peso de los excesos...

Está claro que no se puede viajar con 2 compañías distintas. Ahora, tras pasar una odisea preparando todas las maletas, las bolsas de mano, etc..., vemos con horror que Ryanair no permite maletas de más de 15 kg (el resto de compañías oscilan entre 20 y 23), mientras que el equipaje de cabina puede llegar hasta los 10 kg (Iberia y cía., hasta 7 kg). Nuestras maletas oscilan entre 17 y 18 kg, por lo que a ver cómo lo solventamos sin que el vuelo low cost se convierta en high cost. Nos están entrando unas ganas de irnos a pié hasta Barajas... o al menos en coche, si engañáramos a alguien que nos llevara.

Creo que mañana deberemos llegar al aeropuerto al menos 2 horas antes de la salida (eso supone las 4:45 a.m.). Esta tarde toca McDonalds y a dormir!!

Esperamos no salir en las noticias por agresión a un empleado de Ryanair...

jueves, 13 de agosto de 2009

Las maletas!!!


El misterio de cómo meter cientos de cosas en dos maletas sin que ninguna supere los 15 kilos es algo insondable. Porque claro, luego tienes que traerte souvenirs para la familia, los amigos, para tí, y eso suelen ser 5 kilos más por maleta... Añadiendo a eso que primero volamos con Ryanair de Alicante a Madrid, la empresa se convierte en poco menos que en un imposible!

De momento hemos "chorimangado" una maleta a mi querido progenitor. Así si nos la pierden por esos mundos del hemisferio Sur, no nos dará tanta pena... Ahora nos falta agenciarnos otra, por supuesto sin caer en el error de comprarla, y además buscarnos alguna mochila en la que meter unas mudas de emergencia, el portátil, la cámara de video, la de fotos, los documentos del viaje, las guías, el ipod, la blackberry y .... Todavía no nos hemos ido y ya necesito un descanso.

Nunca habría dicho que preparar una maleta conlleva más estrés que mi propio curro. En fin, palos a gusto no duelen, o eso dicen así que voy a terminar pronto para pasarme nuevamente por el Decathlon a solucionar lo de la mochila. Creo que, dado el ritmo de gasto que llevo con ellos ,me van a hacer socio honorífico de la tienda.

Que no se me olviden las mascarillas anti-Gripe A, que 30 horas en un avión con 300 personas da para mucho contagio...

jueves, 6 de agosto de 2009

Pasos previos


Tras investigar la red en busca de consejos para nuestro próximo viaje a Nueva Zelanda, hemos encontrado muchos blogs de experimentados viajeros contando sus vivencias. Por ello nos hemos decidido a hacer lo mismo, con el fin de que puedan ser de ayuda a todos los que, como nosotros, disfrutan más con una puesta de sol, una visita a un museo o una jornada de trekking que con un cochazo y cosas materiales de ese estilo.

Hecha esta presentación... "Ya tenemos todo listo".

Es lo que me encantaría poder decir, pero sería mentira.

A escasos 10 días de nuestra partida hacia las tierras de los hobbits y de Peter Jackson, de los All-Blacks y de Jonah Lomu, todavía no hemos preparado casi nada... Siempre nos pasa igual, a última hora corriendo a todas partes, y encima el trabajo está siendo particularmente pesado estas semanas, por lo que apenas he podido bucear en la magnífica guía Lonely Planet (la del País Aguilar se la dejamos a los que gustan de viajes empaquetados y encorsetados).

Hoy toca reponer la tecnología necesaria para traernos toda Nueva Zelanda en imágenes y vídeos. Espero que no se nos rompa el presupuesto!