domingo, 23 de agosto de 2009

¡Pingüinos!


Esta mañana hemos dormido un poco más de lo habitual, y nos hemos levantado a las 8. La idea era ir a dar una vuelta por Oamaru, un pueblo con varios edificios de corte victoriano, pero un pequeño percance con la caravana nos ha retrasado.

Una vez solucionado el tema técnico nos hemos ido a desayunar al Café Expresso, donde la Lonely Planet decía que el café era estupendo, y no se equivocaba. Además hemos dado buena cuenta de un trozo de pastel de zanahoria y de un muffin de queso, bacon y verduras! Menos mal que ayer quemamos muchas calorías... Después, viendo la hora que era, hemos preferido marchar al Sur a ver las "Moeraki Boulders", unas formaciones rocosas muy curiosas como veréis luego. De camino nos hemos encontrado con la pareja de sevillanos que conocimos en los vuelos, y les hemos contado nuestro plan. Ellos iban a ver a los pingüinos, pero estos no salen del agua hasta una hora antes de ponerse el sol, así que han decidido ir también a Moeraki.

Por nuestra parte, nada más decir que las rocas de Moeraki son también curiosísimas. Se trata de enormes cantos rodados en la playa de Moeraki, unos pequeños otros enormes, perfectamente redondos. Parecen balones de fútbol gigantes, y tienen miles de años de antigüedad. La leyenda maorí cuenta que uno de los barcos de los dioses naufragó frente a las costas de Oamaru y la carga que llevaba se volvió de piedra al tocar tierra... Estos maoríes tenían una imaginación...

Tras hacernos unas fotos y recoger conchas de Paua (un tipo de almeja cuya concha es nacarada y muy brillante), nos hemos encaminado hacia el pueblo de Moeraki, una aldea de pescadores que cuenta con uno de los mejores restaurantes de Australasia, y que además no es nada caro: el famoso Fleur´s Place (el lugar de Fleur). Digo famoso porque hasta han escrito libros sobre él... En todo caso, hemos comido un pescado (un trompetero de Tasmania) al horno para dos (imaginaos el tamaño) con verduritas al vapor, sentados al aire libre viendo la bahía de Moeraki, rodeados de gaviotas. Realmente de postal. Hoy, por cierto, también nos ha hecho un día de cine.

Fleur´s es una taberna de pescadores, toda de madera, que bien podría haber sido sacada de la imaginación de Robert Louis Stevenson para su "Isla del Tesoro". De hecho, a algún viejo lobo de mar vimos por allí. En cualquier caso, la carta de pescado y marisco fresco, así como el cordero, haría las delicias de muchos restaurantes "Michelin", y todo por 30 euros!!!!

Como se iba haciendo tarde hemos cogido la caravana y marchado hacia el faro de madera de Moeraki, donde también hay un observatorio de pingüinos de ojos amarillos. Este tipo de pingüino es de los más raros del mundo y casi todos se encuentran en Nueva Zelanda. Son bastante grandes, pero muy tímidos, por lo que tienes que acercarte sin que te vean para poder fotografiarlos. Nosotros hemos tenido mucha suerte, y con la ayuda de unos señores mayores que nos indicaban dónde habían visto a alguno, hemos conseguido filmar y fotografiar a tres. Uno de ellos ha estado a escaso medio metro de nosotros. La verdad es que ha sido muy emocionante. Son realmente muy bonitos, con unos colores muy peculiares. De paso, hemos visto (y filmado) a algún león marino que otro...

De allí, vuelta a Oamaru a ver la mejor colonia de pingüinos azules de Nueva Zelanda, con más de 140 parejas (ahora en invierno hay menos). Este tipo de pingüino es muy pequeño, mide 30 cm, pero es muy gracioso. Anda siempre en grupos de 20 más o menos, y se esperan unos a otros al salir del agua, llamándose con sus gritos. Sólo salen a la superficie para ir a dormir, una vez el sol se ha puesto. Nosotros hemos tenido suerte, y desde el observatorio (hay que pagar 20$ por persona), hemos visto a 54 pingüinos. Han salido del agua sin estrellarse contra los acantilados y se han dirigido a sus nidos. La verdad, era para troncharse al verlos esperarse para cruzar un camino hasta el nido... En Oamaru han conseguido, mediante buenos cuidados del entrono, hacer que la colonia triplique su número.

Ya era de noche cuando hemos emprendido el camino a Dunedin, y se ha hecho algo pesado. Menos mal que al poco de entrar en la ciudad hemos encontrado un camping, que además tiene buena pinta. Esto está lleno de cámpings, dado que el turismo de caravana está muy bien organizado en el país. Nos han dado un sitio junto a un río y mañana veremos la ciudad (tiene más de 100000 habitantes), cuyo nombre es "Edimburgo" en gaélico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario