Esta mañana (viernes 21) hemos salido de Christchurch en dirección a Geraldine, un lugar idílico con bonitos jardines y una de las mejores tiendas de mermeladas de Nueva Zelanda, Barker´s. De camino hemos parado en Ashburton a tomar un café en "Evolution Cafe", que por cierto estaba estupendo. Geraldine tiene poco más de 2000 habitantes, lo que la convierte en gran ciudad seún los parámetros del interior de la Isla Sur. Tras una charla amigable con la gente de la Oficina de Turismo (Isite), nos hemos dirigido al norte hacia Peel Forest, uno de los bosques de coníferas más importantes del país. El tiempo, que estaba nublado, se ha arreglado y ha salido el sol, que incluso calienta. Nos sobraban hasta los abrigos. Ya preparados hemos iniciado el primero de los trekkings que haremos en NZ.
Para entrenarnos, hemos hecho la Big Trees Walk, de unos 30 minutos, para ver los totaras y kahikateas más grandes de la zona. Son árboles de unos 9 metros de diámetro y entre 20 y 60 metros de altura, que los maoríes utilizaban para fabricar sus canoas de guerra (podían albergar hasta 100 guerreros!).
Luego nos hemos decidido por una caminata de hora y media montaña arriba por la Allans Track, hasta alcanzar una cascada de 14 metros de altura, que se llama Acland Falls. Tras una subida de aupa durante 40 minutos, hemos empezado a descender hasta llegar al cauce de un arroyo, que hemos seguido (por el agua) hasta alcanzar la cascada. La zona era una maravilla, como toda la naturaleza en Nueva Zelanda.
Después hemos partido hacia el Territorio McKenzie, cuya puerta de entrada es el pueblecito de Fairlie, de 700 habitantes. Como tiene un buen camping, hemos reservado aquí y luego hemos continuado hasta el LAgo Tekapo. Los 45 km hasta llegar al lago son espectaculares, con los Alpes del Sur al fondo, Monte Dobson a la derecha y la estepa a la izquierda. Todas las montañas están nevadas, pero hace sol.
Una vez llegamos al lago, éste es puro espectáculo. Tiene un profundo azul turquesa cuando el sol se refleja en él, rodeado de montañas. Es enorme, y sólo esta vista ya hace valer la pena venir hasta aquí. Nos hemos hinchado a hacer fotos y tras remolonear un poco por la zona (apenas hay tres calles en el pueblo, aunque en vereno dicen que se pone hasta arriba de turistas), nos hemos vuelto a Fairlie.
A cenar hemos ido a la Old Library, una antigua biblioteca de 100 años de antigüedad convertida en restaurante. Y allí, además de comer un cordero con verduras delicioso, nos hemos encontrado con que el dueño estuvo dando clases de inglés en MAdrid durante un tiempo hace 15 años.... Es que el mundo es un pañuelo.
Como viene siendo habitual, nos vamos pronto a la cama para empezar aún más pronto el día y aprovechar las horas de luz. Mañana iremos al Monte Cook directamente.
Para entrenarnos, hemos hecho la Big Trees Walk, de unos 30 minutos, para ver los totaras y kahikateas más grandes de la zona. Son árboles de unos 9 metros de diámetro y entre 20 y 60 metros de altura, que los maoríes utilizaban para fabricar sus canoas de guerra (podían albergar hasta 100 guerreros!).
Luego nos hemos decidido por una caminata de hora y media montaña arriba por la Allans Track, hasta alcanzar una cascada de 14 metros de altura, que se llama Acland Falls. Tras una subida de aupa durante 40 minutos, hemos empezado a descender hasta llegar al cauce de un arroyo, que hemos seguido (por el agua) hasta alcanzar la cascada. La zona era una maravilla, como toda la naturaleza en Nueva Zelanda.
Después hemos partido hacia el Territorio McKenzie, cuya puerta de entrada es el pueblecito de Fairlie, de 700 habitantes. Como tiene un buen camping, hemos reservado aquí y luego hemos continuado hasta el LAgo Tekapo. Los 45 km hasta llegar al lago son espectaculares, con los Alpes del Sur al fondo, Monte Dobson a la derecha y la estepa a la izquierda. Todas las montañas están nevadas, pero hace sol.
Una vez llegamos al lago, éste es puro espectáculo. Tiene un profundo azul turquesa cuando el sol se refleja en él, rodeado de montañas. Es enorme, y sólo esta vista ya hace valer la pena venir hasta aquí. Nos hemos hinchado a hacer fotos y tras remolonear un poco por la zona (apenas hay tres calles en el pueblo, aunque en vereno dicen que se pone hasta arriba de turistas), nos hemos vuelto a Fairlie.
A cenar hemos ido a la Old Library, una antigua biblioteca de 100 años de antigüedad convertida en restaurante. Y allí, además de comer un cordero con verduras delicioso, nos hemos encontrado con que el dueño estuvo dando clases de inglés en MAdrid durante un tiempo hace 15 años.... Es que el mundo es un pañuelo.
Como viene siendo habitual, nos vamos pronto a la cama para empezar aún más pronto el día y aprovechar las horas de luz. Mañana iremos al Monte Cook directamente.
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