Esa noche habíamos localizado, previo dar un par de vueltas a la ciudad, el Top 10 de turno, que estaba muy bien, como suele ser habitual en estos establecimientos. Nos levantamos con calma, con la idea de hacer algo relajado tras las palizas de los últimos días. Así que decidimos irnos a la zona termal denominada “Hell´s Gate”, la más importante de NZ, y la más activa de Rotorua, con géiseres, tórridas fuentes termales y piscinas de barro burbujeante.
Es un tesoro (taonga) de la tribu Ngati Rangiteaorere, que son los guardianes (kaitiaki) de la zona. Esta reserva geotermal se formó aproximadamente hace 10.000 años cuando erupciones volcánicas secaron un antiguo lago para formar los lagos Rotorua y Rotoiti. Una de las diferencias principales respecto de otras zonas radica en que en Hell´s Gate (la puerta del infierno), la fuente de calor se encuentra a apenas 1,5 km de la superficie, mientras que en el resto se suele encontrar a 10 kms.
En maorí se la conoce como Tikitere, abreviatura de Taku Tiki i Tere ne (“mi hija pequeña se ha ido a la deriva”) en recuerdo de la tragedia de una joven que se suicidó saltando a una piscina termal. El nombre inglés procede de una visita de George Bernard Shaw en 1934.
Es una reserva geotérmica impresionante. Cubre 10 hectáreas, que se puede recorrer a través de un sendero de unos dos km y medio que lleva a todos los puntos de interés, incluida la mayor cascada termal de agua caliente del hemisferio sur. Son las Cataratas Karaki, cuya temperatura media es de 38 grados. Se alimentan de las aguas calientes de los lagos de azufre que se encuentran a un nivel más alto. Ocasionalmente algún visitante se ha dado una ducha bajo sus chorros con fines terapéuticos, pero nosotros preferimos no arriesgarnos… Son un lugar especial para los maoríes, puesto que en la antigüedad, sus guerreros se bañaban en ellas para quitarse la sangre de la batalla. El azufre del agua servía como desinfectante de las heridas que sufrían a manos de sus enemigos, así como para eliminar el mal rollo de la guerra antes de volver con sus familias.
Otra de las atracciones del parque es el Volcán de barro, otro de los pocos sitios donde el barro cae con gran estrépito. La mayor parte de esta área es tan caliente que se solidifica al instante. Parece roca, pero si se pone el pie encima, ésta cede abriéndose la tierra y dando paso al agua y barro hirviente.
Como curiosidad, se pueden ver unas pequeñas piletas donde los maoríes cocinaban los alimentos, que se colocaban en canastos de yute tejidos a mano y se requería sólo media hora para su cocción. Eso sí, ahí los huevos fritos salían ya con olor a podrido…
De acuerdo con el último análisis geológico, las piletas que conforman el grupo denominado “Inferno” tienen una variación de temperatura de 100º a 115º grados, una profundidad de 3 a 20 metros, y el grafito en suspenso calentado al vapor hace posible que sea más caliente que el punto de ebullición, siendo precisamente el grafito el que le da ese color de metal pavonado.
La anécdota del parque la representa la piscina conocida como Australia, puesto que tiene la misma forma. Dicen que los aussies preguntan porqué no está Tasmania. Los maoríes contestan con un encogimiento de hombros pero invitan a sus vecinos australianos a hacer ellos mismos el agujero que represente a la pequeña isla… Todavía ningún australiano se ha atrevido. A nosotros nos da igual, porque como somos spanish…
Luego nos dimos un baño de barro caliente medicinal y otro de agua con azufre durante casi una hora. Dicen que deja la piel muy suave y es bueno para los huesos (lo recomiendan en los tratamientos contra la artritis). Yo sólo puedo decir que han pasado 3 días y sigo apestando a azufre!!!
Ya era algo tarde y a las 18:00 teníamos una cena y espectáculo maorí, así que como ya habíamos visto muchas reservas termales, preferimos irnos a ver animalitos en Rainbow Springs, una especie de mini zoo con especies autóctonas de aves y plantas principalmente (sin olvidar a los pedazo de truchas de arco iris!!), de carácter privado pero que tiene uno de los mejores sistemas de protección y cuidado del kiwi que existen en NZ.
Lo mejor del recorrido es que pudimos ver cómo cuidan de estos extraños animales (son unos pájaros con unas pequeñas alitas que no usan), en peligro de extinción desde que en el siglo XIX el hombre, tratando de controlar a la enorme plaga de conejos que invadía Nueva Zelanda, trajo a las islas comadrejas, zarigüeyas y martas, que prefirieron comerse al kiwi que a los conejos. En ciento cincuenta años han pasado de ser 12 millones a escasos 70.000 ejemplares. Menos mal que estos centros están recuperando al kiwi, que durante sus primeros 6 meses de vida está muy desprotegido frente a estos depredadores. Nosotros vimos huevos de kiwi (son enormes para el tamaño del animal y pesan mucho), una cría de pocos días (monísima!) y cuatro animales adultos que nos sorprendieron por su tamaño. La verdad es que quedamos muy contentos porque teníamos muchas ganas de ver a estos bichos, únicos en el mundo y que sólo se pueden contemplar aquí. Cómo no, Vicky quería traerse un bebé kiwi, pero renunció a ello cuando le recordé que cualquiera de nuestros gatos se lo iba a pasar bomba con el pajarito…
Volvimos al camping a acicalarnos (dentro de lo posible, porque no hemos traido ropa elegante), y a las 17:30 un minibús vino a recogernos para llevarnos a Te Puia, un complejo en el valle que lleva el mismo nombre, propiedad de la tribu maorí local donde habitualmente realizan espectáculos y cenas tradicionales llamadas “Hangi”. En Te Puia se encuentra la atracción maorí más pulida de NZ, con una excelente tienda de regalos típicos (souvenirs).
Primero nos recibieron frente a la Marae (casa sagrada) un grupo de maoríes con trajes tradicionales. Un guerrero se acercó gritando y amenazandonos con su lanza, dejó una hoja en el suelo, que uno de nuestro grupo (haciendo el papel de jefe) recogió y lentamente caminó hacia atrás. Eso significa en su tradición que la tribu que ha venido a verles viene en son de paz. A partir de ahí nos recibieron con cantos y bailes y nos descalzamos para entrar en la marae. Allí más cantos y bailes precedieron al archiconocido Haka, popularizado en todo el mundo por el equipo nacional de rugby (los All Blacks). Después, algunas de las chicas y mujeres del grupo de visitantes tuvieron que salir a imitar el baile del Poi que antes habían representado las maoríes. Pero lo mejor es cuando a los chicos nos sacaron para aprender e imitar el Haka. Yo me reí mucho, sobre todo sacando la lengua y poniendo los ojos de loco esos que ponen ellos para supuestamente intimidar. Creo que nosotros dábamos más bien risa, o pena, jejeje, pero fue un momento divertido.
De ahí pasamos a un comedor donde pudimos probar la comida cocinada en piedras calentadas con el calor de los géiseres del valle de Te Puia, pero tampoco era para tirar cohetes. No estaba mal y punto, dejémoslo ahí. Lo mejor de la velada fue definitivamente el espectáculo, donde nos contaron detalles de historia y tradición maorí.
Antes de embarcarnos en el minibús de vuelta al camping, en Te Puia nos llevaron a ver la erupción de uno de sus géiseres, pero esa noche estaba algo tímido y no lo pudimos ver demasiado bien. Vicky consiguió verlo, pero yo apenas, debido a la gran cantidad de vapor que desprendía.
Es un tesoro (taonga) de la tribu Ngati Rangiteaorere, que son los guardianes (kaitiaki) de la zona. Esta reserva geotermal se formó aproximadamente hace 10.000 años cuando erupciones volcánicas secaron un antiguo lago para formar los lagos Rotorua y Rotoiti. Una de las diferencias principales respecto de otras zonas radica en que en Hell´s Gate (la puerta del infierno), la fuente de calor se encuentra a apenas 1,5 km de la superficie, mientras que en el resto se suele encontrar a 10 kms.
En maorí se la conoce como Tikitere, abreviatura de Taku Tiki i Tere ne (“mi hija pequeña se ha ido a la deriva”) en recuerdo de la tragedia de una joven que se suicidó saltando a una piscina termal. El nombre inglés procede de una visita de George Bernard Shaw en 1934.
Es una reserva geotérmica impresionante. Cubre 10 hectáreas, que se puede recorrer a través de un sendero de unos dos km y medio que lleva a todos los puntos de interés, incluida la mayor cascada termal de agua caliente del hemisferio sur. Son las Cataratas Karaki, cuya temperatura media es de 38 grados. Se alimentan de las aguas calientes de los lagos de azufre que se encuentran a un nivel más alto. Ocasionalmente algún visitante se ha dado una ducha bajo sus chorros con fines terapéuticos, pero nosotros preferimos no arriesgarnos… Son un lugar especial para los maoríes, puesto que en la antigüedad, sus guerreros se bañaban en ellas para quitarse la sangre de la batalla. El azufre del agua servía como desinfectante de las heridas que sufrían a manos de sus enemigos, así como para eliminar el mal rollo de la guerra antes de volver con sus familias.
Otra de las atracciones del parque es el Volcán de barro, otro de los pocos sitios donde el barro cae con gran estrépito. La mayor parte de esta área es tan caliente que se solidifica al instante. Parece roca, pero si se pone el pie encima, ésta cede abriéndose la tierra y dando paso al agua y barro hirviente.
Como curiosidad, se pueden ver unas pequeñas piletas donde los maoríes cocinaban los alimentos, que se colocaban en canastos de yute tejidos a mano y se requería sólo media hora para su cocción. Eso sí, ahí los huevos fritos salían ya con olor a podrido…
De acuerdo con el último análisis geológico, las piletas que conforman el grupo denominado “Inferno” tienen una variación de temperatura de 100º a 115º grados, una profundidad de 3 a 20 metros, y el grafito en suspenso calentado al vapor hace posible que sea más caliente que el punto de ebullición, siendo precisamente el grafito el que le da ese color de metal pavonado.
La anécdota del parque la representa la piscina conocida como Australia, puesto que tiene la misma forma. Dicen que los aussies preguntan porqué no está Tasmania. Los maoríes contestan con un encogimiento de hombros pero invitan a sus vecinos australianos a hacer ellos mismos el agujero que represente a la pequeña isla… Todavía ningún australiano se ha atrevido. A nosotros nos da igual, porque como somos spanish…
Luego nos dimos un baño de barro caliente medicinal y otro de agua con azufre durante casi una hora. Dicen que deja la piel muy suave y es bueno para los huesos (lo recomiendan en los tratamientos contra la artritis). Yo sólo puedo decir que han pasado 3 días y sigo apestando a azufre!!!
Ya era algo tarde y a las 18:00 teníamos una cena y espectáculo maorí, así que como ya habíamos visto muchas reservas termales, preferimos irnos a ver animalitos en Rainbow Springs, una especie de mini zoo con especies autóctonas de aves y plantas principalmente (sin olvidar a los pedazo de truchas de arco iris!!), de carácter privado pero que tiene uno de los mejores sistemas de protección y cuidado del kiwi que existen en NZ.
Lo mejor del recorrido es que pudimos ver cómo cuidan de estos extraños animales (son unos pájaros con unas pequeñas alitas que no usan), en peligro de extinción desde que en el siglo XIX el hombre, tratando de controlar a la enorme plaga de conejos que invadía Nueva Zelanda, trajo a las islas comadrejas, zarigüeyas y martas, que prefirieron comerse al kiwi que a los conejos. En ciento cincuenta años han pasado de ser 12 millones a escasos 70.000 ejemplares. Menos mal que estos centros están recuperando al kiwi, que durante sus primeros 6 meses de vida está muy desprotegido frente a estos depredadores. Nosotros vimos huevos de kiwi (son enormes para el tamaño del animal y pesan mucho), una cría de pocos días (monísima!) y cuatro animales adultos que nos sorprendieron por su tamaño. La verdad es que quedamos muy contentos porque teníamos muchas ganas de ver a estos bichos, únicos en el mundo y que sólo se pueden contemplar aquí. Cómo no, Vicky quería traerse un bebé kiwi, pero renunció a ello cuando le recordé que cualquiera de nuestros gatos se lo iba a pasar bomba con el pajarito…
Volvimos al camping a acicalarnos (dentro de lo posible, porque no hemos traido ropa elegante), y a las 17:30 un minibús vino a recogernos para llevarnos a Te Puia, un complejo en el valle que lleva el mismo nombre, propiedad de la tribu maorí local donde habitualmente realizan espectáculos y cenas tradicionales llamadas “Hangi”. En Te Puia se encuentra la atracción maorí más pulida de NZ, con una excelente tienda de regalos típicos (souvenirs).
Primero nos recibieron frente a la Marae (casa sagrada) un grupo de maoríes con trajes tradicionales. Un guerrero se acercó gritando y amenazandonos con su lanza, dejó una hoja en el suelo, que uno de nuestro grupo (haciendo el papel de jefe) recogió y lentamente caminó hacia atrás. Eso significa en su tradición que la tribu que ha venido a verles viene en son de paz. A partir de ahí nos recibieron con cantos y bailes y nos descalzamos para entrar en la marae. Allí más cantos y bailes precedieron al archiconocido Haka, popularizado en todo el mundo por el equipo nacional de rugby (los All Blacks). Después, algunas de las chicas y mujeres del grupo de visitantes tuvieron que salir a imitar el baile del Poi que antes habían representado las maoríes. Pero lo mejor es cuando a los chicos nos sacaron para aprender e imitar el Haka. Yo me reí mucho, sobre todo sacando la lengua y poniendo los ojos de loco esos que ponen ellos para supuestamente intimidar. Creo que nosotros dábamos más bien risa, o pena, jejeje, pero fue un momento divertido.
De ahí pasamos a un comedor donde pudimos probar la comida cocinada en piedras calentadas con el calor de los géiseres del valle de Te Puia, pero tampoco era para tirar cohetes. No estaba mal y punto, dejémoslo ahí. Lo mejor de la velada fue definitivamente el espectáculo, donde nos contaron detalles de historia y tradición maorí.
Antes de embarcarnos en el minibús de vuelta al camping, en Te Puia nos llevaron a ver la erupción de uno de sus géiseres, pero esa noche estaba algo tímido y no lo pudimos ver demasiado bien. Vicky consiguió verlo, pero yo apenas, debido a la gran cantidad de vapor que desprendía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario