El día amaneció soleado, sin una nube en el horizonte, aunque frío y con algo de viento. Decidimos probar lo de los kayaks dado que la caminata de ayer nos había dejado los abrigos todavía mojados. Bajamos a tomar un capuccino en el café Tango´s del centro del pueblo, que no estaba mal, y nos pasamos por el I-site. En ese momento vimos cómo el cielo volvía a nublarse un poco y a caer una fina lluvia, de forma intermitente. El viento también se volvió más fuerte, por lo que algo desilusionados nos olvidamos de lo del kayak y pensamos en coger camino hacia los glaciares de Fox y Franz Josef, a 5 horas de viaje!!!
Se nos ocurrió parar en el Puzzling World a la salida de Wanaka, que es como un museo de los puzzles, con el laberinto moderno más antiguo del mundo (data de 1973), y otras salas con ilusiones ópticas y cosas así. Fue una buena idea porque nos reímos mucho en el laberinto, y nos animó bastante el día. El laberinto tiene 1,5 km de pasillos, pero la gente recorre entre 3 y 5 km antes de terminarlo. Nosotros empezamos muy bien y superamos las 4 primeras pruebas (encontrar unas torres de color azul, verde, rojo y amarillo), pero luego nos bloqueamos un poco tratando de encontrar la salida. En todo caso, pasamos un buen rato. Es un sitio ideal para ir con niños, aunque los mayores también terminan pasándoselo pipa, sobre todo en las salas, que son más de efectos ópticos y cosas similares. Luego, en una de las salas que tenían dentro del museo, la Vicky se nos mareó!! Era una de esas habitaciones con el suelo inclinado (45º) y con las paredes extrañas, con dibujos, espejos, etc. Decían que las embarazadas o personas con problemas de equilibrio debían cogerse a alguien. Como Vicky no podía ni caminar y no está embarazada, suponemos que lo del equilibrio lo tiene mu mal la chiquilla.
De vuelta a la carretera, la Vicky estaba out. El papi, nuevamente al volante, se encaminó hacia el Lago Hawea, dirección norte. Este lago, cómo no iba a ser menos, también nos sorprendió con su espectacularidad. Además, por lo escarpado de sus orillas, no hay ni un alma (ni siquiera granjas de ovejas, que ya es decir), por lo que la sensación de inmensidad es mayor. Este lago mide 35 km de largo y tiene 393 metros de profundidad. Cuando nos detuvimos un momento en un mirador elevado para hacer unas fotos, a pesar de que el tiempo estaba empeorando, pudimos ver incluso el oleaje que había. La carretera bordea el Hawea y vuelve a la orilla norte del lago Wanaka, hasta el pueblecito de Makarora, y cruzar el río que lleva el mismo nombre.
En ese punto Vicky se puso a dormir, justo cuando entramos en el desfiladero de Haast, uno de los lugares que más me ha impresionado de aquí, con un bosque muy cerrado, ríos furiosos descendiendo por las montañas que encajonan la carretera, y un millar de puentes (uno de ellos de 140 metros). Las llamadas puertas de Haast son particularmente espectaculares. Aquí se despertó Vicky justo a tiempo y más animada. Paramos un poco más adelante para hacer una pequeña ruta de 30 minutos hasta las cascadas Roaring Billy, que caían desde las montañas de forma impresionante. Todo el camino estuvo lloviendo, lo cual nos fastidiaba un poco pero nos permitía ver todas las caídas y saltos de agua en su cenit.
Tras pasar el desfiladero fuimos bordeando el río Haast hasta el pueblo de Haast, ya en la playa. Ahí empezó la carretera de la costa, un verdadero infierno de curvas, subidas y bajadas, pero con unas vistas que bien merecían la pena el esfuerzo. Nos detuvimos en Knights Point, un cabo con varios islotes enfrente, donde rompe con fuerza el mar de Tasmania. La propia Isla de Tasmania se encuentra a 1700 km en línea recta desde ese punto, y focas, pingüinos e incluso los elefantes marinos del ártico visitan este lugar en distintas épocas del año. Todo ese tramo de costa, desde Haast hasta Bruce Bay es sumamente inhóspito, sin habitantes, y antiguamente impracticable si no era a pie (no cabían ni carretas).
De camino a Fox Glaciar paramos en un par de lagos más, el Moeraki y el Paringa, pero salvo que uno vaya a pescar, no son tan bonitos como los que habíamos visto hasta ahora.
El tiempo seguía empeorando conforme nos acercamos a la zona de los glaciares, que se encuentran justo a las espaldas de los Alpes del Sur, y en concreto junto a los Montes Cook y Tasman, entre otros. Como empezó a hacerse de noche, decidimos dormir en el Top 10 de Fox Glaciar para ir a visitarlo al día siguiente, antes de hacer la ruta en Helicóptero sobre el Glaciar Franz Josef. No pudimos colgar nada en Internet porque durante la última tormenta eléctrica, un rayo había estropeado el router del camping.
Se nos ocurrió parar en el Puzzling World a la salida de Wanaka, que es como un museo de los puzzles, con el laberinto moderno más antiguo del mundo (data de 1973), y otras salas con ilusiones ópticas y cosas así. Fue una buena idea porque nos reímos mucho en el laberinto, y nos animó bastante el día. El laberinto tiene 1,5 km de pasillos, pero la gente recorre entre 3 y 5 km antes de terminarlo. Nosotros empezamos muy bien y superamos las 4 primeras pruebas (encontrar unas torres de color azul, verde, rojo y amarillo), pero luego nos bloqueamos un poco tratando de encontrar la salida. En todo caso, pasamos un buen rato. Es un sitio ideal para ir con niños, aunque los mayores también terminan pasándoselo pipa, sobre todo en las salas, que son más de efectos ópticos y cosas similares. Luego, en una de las salas que tenían dentro del museo, la Vicky se nos mareó!! Era una de esas habitaciones con el suelo inclinado (45º) y con las paredes extrañas, con dibujos, espejos, etc. Decían que las embarazadas o personas con problemas de equilibrio debían cogerse a alguien. Como Vicky no podía ni caminar y no está embarazada, suponemos que lo del equilibrio lo tiene mu mal la chiquilla.
De vuelta a la carretera, la Vicky estaba out. El papi, nuevamente al volante, se encaminó hacia el Lago Hawea, dirección norte. Este lago, cómo no iba a ser menos, también nos sorprendió con su espectacularidad. Además, por lo escarpado de sus orillas, no hay ni un alma (ni siquiera granjas de ovejas, que ya es decir), por lo que la sensación de inmensidad es mayor. Este lago mide 35 km de largo y tiene 393 metros de profundidad. Cuando nos detuvimos un momento en un mirador elevado para hacer unas fotos, a pesar de que el tiempo estaba empeorando, pudimos ver incluso el oleaje que había. La carretera bordea el Hawea y vuelve a la orilla norte del lago Wanaka, hasta el pueblecito de Makarora, y cruzar el río que lleva el mismo nombre.
En ese punto Vicky se puso a dormir, justo cuando entramos en el desfiladero de Haast, uno de los lugares que más me ha impresionado de aquí, con un bosque muy cerrado, ríos furiosos descendiendo por las montañas que encajonan la carretera, y un millar de puentes (uno de ellos de 140 metros). Las llamadas puertas de Haast son particularmente espectaculares. Aquí se despertó Vicky justo a tiempo y más animada. Paramos un poco más adelante para hacer una pequeña ruta de 30 minutos hasta las cascadas Roaring Billy, que caían desde las montañas de forma impresionante. Todo el camino estuvo lloviendo, lo cual nos fastidiaba un poco pero nos permitía ver todas las caídas y saltos de agua en su cenit.
Tras pasar el desfiladero fuimos bordeando el río Haast hasta el pueblo de Haast, ya en la playa. Ahí empezó la carretera de la costa, un verdadero infierno de curvas, subidas y bajadas, pero con unas vistas que bien merecían la pena el esfuerzo. Nos detuvimos en Knights Point, un cabo con varios islotes enfrente, donde rompe con fuerza el mar de Tasmania. La propia Isla de Tasmania se encuentra a 1700 km en línea recta desde ese punto, y focas, pingüinos e incluso los elefantes marinos del ártico visitan este lugar en distintas épocas del año. Todo ese tramo de costa, desde Haast hasta Bruce Bay es sumamente inhóspito, sin habitantes, y antiguamente impracticable si no era a pie (no cabían ni carretas).
De camino a Fox Glaciar paramos en un par de lagos más, el Moeraki y el Paringa, pero salvo que uno vaya a pescar, no son tan bonitos como los que habíamos visto hasta ahora.
El tiempo seguía empeorando conforme nos acercamos a la zona de los glaciares, que se encuentran justo a las espaldas de los Alpes del Sur, y en concreto junto a los Montes Cook y Tasman, entre otros. Como empezó a hacerse de noche, decidimos dormir en el Top 10 de Fox Glaciar para ir a visitarlo al día siguiente, antes de hacer la ruta en Helicóptero sobre el Glaciar Franz Josef. No pudimos colgar nada en Internet porque durante la última tormenta eléctrica, un rayo había estropeado el router del camping.
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